viernes, 4 de diciembre de 2015

Relato de 20 minutos (3) 3ª parte y FINAL


El día del gran combate había llegado, cargado de un sol espléndido, y a pesar de eso Gaia no pudo evitar derramar algunas lágrimas. Aquel niño al que encontró junto a un río cercano y lo acogió en su casa, se batería en duelo por orgullo y por el amor de una dama que ni siquiera le correspondía. Gaia no estaba dispuesta a perder a su hijo, y rogó al dios Odín y a los demás dioses que lo protegiesen. En el campo de batalla, el graderío estaba lleno, e incluso intervenían algunos músicos. Los reyes bastante indignados, pero a la par seguros de la victoria de su hijo el príncipe Seamus estaban sentados en tronos superiores, donde se observaba todo el campo para el combate. Gaia se sentó entre el público, tomando la mano de su querida Clionda, que derramaba lágrimas incesantemente. 
Ambos caballeros se habían vestido con su mejor armadura, y sus yelmos relucientes reflejaban el sol como si aquellos combatientes hubiesen sido bendecidos por alguien superior. Al momento se subieron al caballo y con ayuda de sus escuderos, tomaron la lanza. Gaia resopló al ver a la reina tomar la mano del rey y apretarla con cara de angustia. Aquella mujer también era humana y temía por la vida de su hijo. El sonido de la trompeta anunció el comienzo del combate. Ambos caballos galopaban al destino, ¿quién sería el primero en caer? De momento nadie. En aquel primer asalto nadie fue derribado, pero en el segundo, la lanza del orgulloso Brennan picó en el brazo de Seamus y provocó que este cayese al suelo humillado y con un brazo malherido. Gaia suspiró pero a la vez también se le encogió el pecho al ver el sufrimiento del pobre príncipe Seamus. Era un hombre altanero y muy variable, pero no merecía aquella humillación sobre su futuro reino. 
Tras este hecho el príncipe fue trasladado con un curandero para examinarle la herida y se declaró vencedor al joven Brennan. Éste reclamó la mano de la dama Niamh, pero de repente apareció el padre de la señorita Niamh, Leslat y confesó un mandamiento:

—Mi querida hija no puede comprometerse con el joven Brennan, pues ya está comprometida con otro hombre, el príncipe de Escocia, Olaf —declaró el conde Leslat con orgullo. 
—¡He sido engañado! ¡Merezco una compensación por este fraude y deshonor! —gritó Brennan enfurecido. 
El rey ordenó que Brennan se calmase. Si la joven estaba comprometida, no podría casarse con Brennan, como así lo establecían las leyes de Irlanda. Este hecho provocó el desagrado y enfado colérico de Brennan, que tomando su espada avanzó hacia el conde Leslat con intención de atacarle, pero fue reducido por los guardias allí presentes. 

— ¡Este hombre ha intentado quebrantar la ley de Irlanda! ¡Pretendía atacar a un hombre desarmado! —anunció el rey—. ¡Guardias, arrestadlo!

Gaia que no pudo contenerse y viendo que los soldados avanzaban al encuentro con su hijo gritó:
— ¡Corre hijo! ¡Huye, a prisa! 

El joven Brennan miró a su madre con ojos brillantes y lacrimosos y se montó en su caballo huyendo hacia las afueras del castillo. Su madre lo siguió como pudo, dado a la lentitud de la anciana Clionda que no podía correr. Al mismo tiempo que el joven Brennan cabalgaba, Gaia vio pasar la vida ante sus ojos cuando una flecha de ballesta, rugió cortando el aire y clavándose en la espalda de Brennan que cayó del caballo sin aliento. 

— ¡No! —gritó Gaia llena de dolor.

A duras penas atravesó el barranco por el que su hijo había huido y consiguió llegar a su encuentro, justo antes de que este pronunciase sus últimas palabras. 

—Madre, perdonadme, pero mi orgullo y soberbia me cegaron, impidiendo ver la realidad de la vida y me permitió caer como un inútil en este barranco a punto de exhalar mi último aliento —dijo Brennan con voz entrecortada.

— ¡No digas eso Brennan, por allí vienen unos hombres, ellos te curarán! —dijo Gaia mirando por doquier desesperada—. ¡Que alguien me ayude!
—Madre, lo lamento mucho... —terminó sentenciando Brennan antes de sonreír y dejar los ojos brillantes y sin vida. 

—¡No me dejes sola Brennan! ¡Quédate, no te vayas! ¡No! —gritó Gaia viendo como la sangre de su hijo había manchado la mayor parte de su vestido. 

El grito de dolor de una madre desconsolada y llena de ira pudo escucharse a más allá de treinta leguas de distancia. Gaia lloraba el cuerpo de su hijo mientras los soldados se quedaron paralizados y la anciana Clionda consolaba a Gaia. 

~

El cuerpo sin vida de Brennan reposaba en una gruesa piedra de mármol en el ala norte del castillo de Gaia. Ella no se separaba de su cuerpo, y Clionda no se apartaba de Gaia. 
—Clionda, por favor, déjame llorar el cuerpo de mi hijo sola. 
—Sí señora, volveré más tarde. Debéis descansar.
En cuanto Clionda se hubo marchado, Gaia se abrazó al cuerpo de su hijo y comenzó a pronunciar estas palabras. 

—¡Quién me diría a mí hijo mío que a mi edad llegarías a mis brazos!. En mis brazos naciste, y en mis brazos te disipaste como la niebla. No sabes el dolor que siento por dentro. Mil cuchillos afilados como estacan se acomodan en mi vientre impidiéndome respirar, y mi cabeza arde con deseos de venganza, pero no puedo hacerlo, Este mundo ha sido corrompido por la locura, por la miseria y por el amor no correspondido. Odín sabe que nunca me casé, y que nunca lo haría, o así al menso yo lo sentía, pero cuando te encontré en aquel río, sentí el deseo de abrazarte y protegerte. No guardo rencor a la joven Niamh, ni siquiera al príncipe Seamus o al rey. Me guardo rencor a mí misma. ¿Por qué debí instruirte en las armas, para que ellas te quitasen la vida de esta forma? Siento rabia, cólera y vergüenza, pero más aún, siento un mar embravecido que se cierne sobre mi mano, esperando el momento justo para acatar la misión de mi pensamiento. ¡Oh que no tendré más hijos, ni podré cuidar de mis nietos! ¡Odín malvado que acabaste con la vida de mi hijo, sin dejarme disfrutarlo ni un minuto más! Recibeme con él, porque allá es a donde voy. Al mundo de las sombras y de la oscuridad. Al menos allí encontraré la paz  la confianza que he perdido en este mundo, donde todos son malvados y nadie mira por el bien común. Al final de todo es para lo que nacemos, para morir, algunos de forma digna, otros como mi pobre Brennan, mi pequeña gota de agua que me hacía llorar de alegría.¡Ojalá pudiese estar donde tu estás, pero así es, contigo estaré en un instante, en cuanto encuentre el valor para determinar mi destino! —gritó al cielo Gaia tomando la espada de su hijo. 
Al instante, la cernió sobre su pecho, incrustándola varias veces por si no era suficiente. La sangre roja brotó por su pecho y fue coloreando sus amargas vestiduras. Se abrazó a su hijo, y se dejó expirar con tranquilidad mientras derramaba lágrimas de paz, sabiendo que muy pronto se reencontraría con el amor de su vida, su querido hijo, su gota de agua, Brennan. 

domingo, 29 de noviembre de 2015

Relato de 20 minutos (3) 2ª parte


El joven Brennan se había criado con una constitución robusta y de gran altura, aunque no tanto como su madre adoptiva, Gaia. Los años habían pasado, veinte años exactamente. Aún así, Clionda seguía al servicio de la señora Gaia. Brennan aparecía ahora como un caballero, digno de portar lanza y cortejar a doncellas. Su larga melena oscura se ondeaba al viento cuando retiraba su yelmo desde lo alto de su corcel blanco. Desde que cumplió los quince años le comunicó a Gaia que quería ser caballero, pues si ocurría algo en el territorio sería capaz de defenderla a ella y a su gente. Cuando era más joven había sido un niño pillo, pero siempre conseguía sacarle una sonrisa a su madre. A medida que fue creciendo se fue formalizando y empezó a instruirse con la armas. Gaia recibió la terrible noticia de que en uno de los entrenamientos, su querido Brennan había resultado herido, y el mundo se cayó a sus pies. Afortunadamente solo contaba con una herida en el brazo derecho, y al curarse con los años le hacía mucho más varonil. Todas las doncellas de Irlanda deseaban desposarse con él, y los padres de éstas querían conseguir la inmensa herencia que a este le quedaría a la muerte de Gaia. Pero Gaia, se mantenía serena, fuerte como un roble. La edad no la había aquejado de ninguna enfermedad o parálisis, y podía valerse aún por sí misma.
Brennan solo tenía ojos para una dama, y esa era la hija de un conde, la señorita Niamh. Ella contaba también con muchas tierras, pero sobre todo por una belleza extraordinaria. Tenía el cabello largo hasta la cintura, de un color rojizo pálido, digno de la realeza irlandesa. Su tez era pálida, sus labios carnosos y muy cálidos.
La joven aún estaba en edad de casarse, y Brennan no desperdiciaría esa oportunidad. Pero, otro nuevo aspirante al amor de la dama Niamh se encontraba al acecho, este era el príncipe Seamus, el cual por derecho, podía elegir a la doncella con la cual determinaría la descendencia de la realeza. Brennan no se daría por vencido muy fácilmente, y un día en una fiesta de primavera, organizada en el palacio real, le propuso al príncipe un duelo de lanzas y caballos para determinar quién sería el vencedor y conquistador de la doncella Niamh. Gaia y Niamh se negaron rotundamente, pero esto no sería suficiente para calmar la sed de valor que crecía por momento en el interior de Brennan y Seamus. 
Aunque Brennan había resultado victorioso en más de diez combates, el príncipe Seamus se había entrenado con los mejores duelistas y jinetes. Gaia sentía un miedo en sobremanera. Su único hijo, al cual había criado con tanto cariño, se expondría a un peligro vil por conseguir el amor de una joven, que no parecía decidirse entre ninguno de sus pretendientes. 

— ¡Te prohíbo que combatas con el príncipe en un duelo, y expongas tu vida de esa manera Brennan! —gritó Gaia ferozmente al entrar en su castillo, aunque Brennan no parecía hacerle ningún caso.
—No voy a ceder, madre. Si la lucha es la única forma de conseguir a la bella Niamh, me enfrentaré aunque pierda la vida en el intento —le contestó el joven orgulloso.
—No digas eso Brennan. El orgullo y la fama no te harán mejor caballero, solo conseguirás enloquecer. ¡Recapacita, por Odín! —le rogó Gaia estrechándolo contra su pecho.
— ¡Dejadme en paz madre! —vociferó Brennan apartando a su madre de un golpe, que produjo que esta cayese al suelo lastimada. 

Brennan observó a Gaia en el frío suelo de piedra, mirándolo con desaprobación y lágrimas en sus ojos, que corrían rápidamente por sus mejillas hasta morir en su barbilla. 

—Ya conozco la verdad, madre. Me recogisteis de un río, para ponerme a salvo, pero no estaré a salvo si no puedo conseguir a la mujer que amo. Antes la muerte —sentenció Brennan mirando a su madre con odio—. Ojalá no me hubieses tomado, quizás algún pastor o campesino me hubiese criado mejor, y me permitiría poder acceder a la persona que consigue que mis noches las pase en vela, pensando como poder demostrarla el amor que siento hacia ella. 

Gaia alargó su mano hacia su hijo, pero este sin embargo ondeó su larga capa hacia un lado con asco, y desapareció del palacio, cabalgando en dirección hacia la ciudad. Gaia se quedó en el suelo, y se durmió entre las pocas lágrimas que sus ojos le permitían derramar. 

jueves, 26 de noviembre de 2015

Relato de 20 minutos (3) 1ª parte.


Había salido a pasear por los caminos más recónditos, ocultándose en la espesura del bosque, mientras en rocío de la madrugada y la niebla, bañaban su cara enrrojecida. Aquel rostro ya no era terso y joven como antes. A Gaia le hubiese gustado poder gozar de su juventud, pero en aquel momento todo estaba a punto de acabarse. No deseaba seguir con esto. Cuando su padre murió le prometió que protegería el patrimonio, pero nadie deseaba casarse con ella. Gaia no era poco agraciada, al contrario, su templanza con los años la había vuelto más relajada y de expresión amable. En aquel momento contaría aproximadamente con la edad media, aproximadamente unos treinta y cinco años. Para las personas de aquel tiempo, si a su edad todavía no se había casado ni tenido pretendientes ni hijos, no los tendría jamás. Gaia tenía una larga melena rizada, rubia heredada de su madre. Sus manos eran pequeñas y delicadas, pero su altura (muy por encima de los hombres) la hacía quedar en evidencia en los actos de los señores feudales. Por eso siempre se ocultaba en su castillo, y solo salía para dar largos paseos por la noche, escapándose del ama de llaves que siempre la repetía que el bosque no era lugar para una muchachita. Ella siempre se decía que "el tiempo lo curaría todo", pero aquel momento de curación no llegaba, y ella empezaba a impacientarse.

 Aquel día el cielo estaba blanquecino, pronto llegaría el invierno y con él el hielo y la nieve. Hacía bastante frío, tanto que para una mujer de sus condiciones físicas, Gaia seguía tiritando. De pronto comenzó a oír un murmullo, y sospechó que podía ser un animalillo disperso entre la flora, pero no, parecía más bien un llanto o un gemido. Mientras avanzaba hasta el riachuelo que contemplaba a diario, las ramas se enredaban en su vestido, producían cortes y rasguños en sus lozanas piernas, pero a ella no le importaba el dolor, necesitaba saber que era aquel ser que producía tales alaridos. Pronto comenzó a oír el sonido del agua corriendo monte abajo y supo que estaba cerca. Al llegar al río divisó algo envuelto en una tela vieja y arrugada. Se acercó con la prudencia que la caracterizaba y echó un vistazo. Se había puesto en lo peor, pero lo que allí tiritaba de frío y de piel rosada no era ni más ni menos que un bebé. Sí, un bebé sano y regordete. A juzgar por su desnudez, Gaia comprobó que era un varón. Automáticamente lo estrechó contra su pecho, proporcionándole calor y después observó el paisaje. ¿Quién habría sido tan cruel como para abandonar a un pobre niño indefenso en una víspera de invierno? Muy terco debía ser aquel, o una madre muy despistada. Por más que gritó a los cuatro vientos clamando al dueño del bebé, no obtuvo respuesta. Tal vez el dios Odín se había mostrado agradable y generoso, y había colocado allí el bebé para que Gaia lo encontrara. Ella no lo sabía, pero en cuanto el bebé se durmió, lo estrechó de nuevo contra su pecho y lo llevó hasta su castillo, atravesando de nuevo el oscuro bosque. Ella no sentía miedo, puesto que el bebé se hallaba con ella, y ambos se protegían con confianza. Tras el duro camino, por fin llegó al castillo, donde Clionda la estaba esperando con el ceño fruncido.

—Gaia, ¿se puede saber dónde estabas? ¿Qué es ese vestido rasgado y sucio, y tu melena despeinada? ¿No habrás estado con un varón? —preguntó Clionda llevándose la mano a la boca.
—Ojalá querida Clionda, pero no ha habido esa suerte. Lo cierto es que si que traigo un hombre, bueno más bien un niño. Lo he encontrado en el río, hubiese muerto si no lo salvaba.
— ¡Santo cielo, un bebé! Debemos comunicarlo de inmediato. 
—Nada de eso, haremos un trato. Si nadie lo reclama en el tiempo de tres días, me lo quedaré y lo criaré yo. 
—Pero señora, no puede vos hacer eso. Sois una joven casadera, imaginad que encontráis pretendiente, no querrá casarse si os haya madre de un niño.
—Mi querida amiga, los hombres ya no querrán un trapo viejo como lo soy yo, déjate de tonterías y ayúdame, debemos buscar algo de leche. Ordena que traigan una nodriza. 
—Pero señora... 
—Es una orden.

Tan pronto como Gaia se encariñó del pequeño infante, nadie lo reclamó en el plazo acordado, por lo tanto fue adoptado por la señora, Gaia, la cual le puso el nombre de Brennan. Gaia y el bebé crecerían felices durante mucho tiempo, hasta que un obstáculo, se interpondría entre ambos... 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Relato de 20 minutos (2) 3ªparte y FINAL



Está bien, me sentaría en una mesa y haría un poco el paripé. Así no quedaría tan forzado. Allí esperé al menos diez minutos hasta que fue a recoger una de las mesas. Tomó la bandeja que había y se giró para encontrarse conmigo en una mirada profunda. La bandeja que sostenía temblaba ligeramente.

—Hola —dije tras un silencio incómodo.
—Hola —contestó ella con total seguridad— ¿Quieres algo? 
—Ehm...
—No, mejor no digas nada. ¿Ahora te dedicas a seguir a las chicas que se presentan a tus castings? 
—Lo cierto es que no —dije siguiéndola a través del comedor hasta llegar a una especie de almacén.
—Vale, espérame fuera, más tarde hablamos. Todavía tengo que recoger esto. 

Me volví a sentar en una de las mesas. Estaba muy confuso. ¿Qué quería esta chica? Simplemente me había acercado a verla por cumplir, lo lógico es que cuando ves a una persona que conoces (y a la vez te hace un poco de tilín) te acerques a verla. Esperé y esperé, al menos veinte minutos. Dafne salió del almacén y se despidió de sus dos compañeras, las otras chicas voluntarias del comedor. Salimos a la calle y el frío se caló en mis piernas, que al llevar mallas deportivas cortas me produjo un escalofrío. 

—Si te apetece podemos ir a mi casa. Hace frío y te vas a resfriar. Cogeremos mi coche, está aparcado a la vuelta de la esquina. Ve yendo para allá, he olvidado algo. 

Aguardé su presencia al lado de su Mustang antiguo. Llegó pronto y ambos nos subimos en el coche. No tardamos mucho en llegar desde el lugar, quizás diez minutos. Allí vivía ella. Eran unos pisos pintorescos, de ladrillo visto y muy acogedores. Ella vivía en un segundo. Apenas tendría sesenta metros cuadrados, pero lo había decorado de manera despreocupada a la vez que conjuntado. Dejó su bolso y su abrigo en la entrada. Me invitó a sentarme en el sofá mientras ella se marchaba a ducharse. De nuevo me dejó solo. Un ligero sonido, como un canto angelical retumbaba en mi oído, se marcaba toda una opereta en el baño. Me levanté, no aguantaba allí sentado mucho tiempo más. Avancé hacia la ventana y observé el paisaje. Todas las luces de la ciudad estaban encendidas y creaban una panorámica digna de colgarse en Instagram
Me di la vuelta y allí estaba ella. Desnuda ante mi presencia. No sabía dónde mirar, (bueno, obviamente sí), pero pretendía que no se notase demasiado. Se acercó a mí con paso decidido, mientras sus virtudes danzaban a un compás presto. 

—Has venido a por esto, y yo te lo voy a corresponder. No te lo tomes como un trabajo, no soy de esa clase de personas —dijo tomándome por la camiseta y llevándome hasta su dormitorio. 
Me tumbó en la cama de manera delicada y me desvistió con caricias. Ella me correspondió y yo supe corresponderla. Aún puedo recordar mi cara de placer en aquel momento, cerré los ojos y me dejé llevar. También lo hizo ella y nos produjo una total armonía que nada podía cesarla. Noté la vibración de mi móvil en el soporte para running que se incorporaba en el brazo. Pude distinguir una V y una M al final ¿Qué hacía mi madre llamándome en un momento así? No hice caso, y seguí a lo mío.
En el momento de la acción sentí como ella temblaba y su vello se erizaba el igual que el mío. El movimiento era continuo y placentero. Acompasábamos los asaltos con besos tiernos. Me agarró la nuca. En el momento álgido ella quiso parar. La miré directamente a los ojos y nos besamos otra vez. Se levantó como un rayo y se puso una bata. Me pidió que me marchase.
—Ya hemos acabado, debes marcharte ahora —dijo señalando la puerta con el dedo índice, que no paraba de temblar. 
—Te dejaré mi número —dije tomando un bolígrafo y una agenda de su mesilla. 
—Muy bien, te llamaré.

Me vestí rápidamente. Creo que en ese momento estaba completamente enamorado. Bajé las escaleras y salí a la calle. Corrí lo más rápido que pude hasta mi casa. Esperaba que mi madre estuviese allí, pero no la hallé. Respondí a su llamada perdida. Tan solo me había llamado para concretar una cita con el médico, pues su ordenador no funcionaba y no podría hacerlo en su casa. 

De aquello pasaron tres o cuatro días, no lo recuerdo bien de lo ansioso que estaba. Mientras veía la tele me sobresaltó el teléfono. Era ella. Era Dafne. Lo cogí enseguida. 
— ¿Dígame? —contesté con todo seductor.
—Hola, director. Soy Dafne, y estoy en una encrucijada. ¿Quieres saber por qué razón me tiemblan las manos? Sé que tengo la enfermedad del Parkinson, pero cuando estoy contigo se me acelera aún más. No quiero que te tomes esto como una despedida. 
— ¿Qué ocurre Dafne? ¿Te sientes cohibida para hablar? —expresé extrañado,
—No es eso, señor. Lamento que va a tener usted que buscarse a otra actriz protagonista, Dafne Grass no va a participar en ninguna película. Todo estuvo bien, pero no estoy preparada, Adiós Dan.

Me alarmé al minuto. Cogí mi coche y me acerqué a su piso para averiguar qué pasaba. Llamé a la puerta pero no hallé a nadie. Conduje de nuevo hacia el comedor social, pero allí no estaba ella. Me sentía como una mierda. ¿Por qué aquella chica me haría sufrir de esa manera? Me encontraba muy mal, así que decidí salir por las afueras a conducir tranquilo. Todo iba bien hasta que en el kilómetro ocho de la carretera comarcal divisé una gran humareda. Me aproximé lo más rápido que pude. Allí estaba su Mustang, irreconocible, pues se había estrellado contra un árbol. Salí del coche a toda prisa con el corazón palpitando fuertemente. Busqué en el interior del vehículo, pero no divisé persona alguna. Estaba preocupado. ¿Se había chocado por mi culpa? No, ella no podía haberse chocado. Allí solo había un coche un árbol. Era todo muy extraño. Quizás fuese una pista. Caminé a lo largo de la ancha carretera, quizás quinientos metros. Me llamaron al móvil. Era mi madre. Contesté dejando de lado mi preocupación para que ella tampoco que preocupase. 

— ¿Sí? Dime mamá —dije con tono fingido.
—Cariño, ¿dónde estás?
—Estoy bien mamá, he salido a pasear. ¿Qué te ocurre?
—Hay una chica en casa, esperándote... 
— ¡DAFNE! —expresé con alegría cortando a mi madre mientras hablaba. 

Todo aquello fue un terrible error. Ella estaba viva, pero yo no volvería a verla. Escuché una bocina, como parecido al ruido que hacen los hinchas en un partido de béisbol. Para cuando quise voltearme, solo pude ver como las luces de un camión se aproximaban hacia mí y me daban muerte. 
Valerie siguió hablando por teléfono. Quien había acudido a mi casa era Mary, pues quería aclarar algo sobre el casting de los personajes secundarios. 

¿No es irónico y paradójico? Allí solo encontré un árbol, como un amor imposible. Muy parecido al mito de Dafne y Apolo. Ella es transformada en árbol por su padre y Apolo queda desolado. Yo conocería la muerte. ¿Cómo acabó Dafne? Nunca lo sabré, yo ya estoy muerto. Lo único que sé, es que ella era solidaria. Quizás porque sufría de una enfermedad que le hacía ser más caritativa. De nuevo, nunca lo sabré. Yo ya estoy muerto, y los muertos ni escriben, ni hablan.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Relato de 20 minutos (2) 2ª parte.


Aunque ella fuese muy distinta del personaje que debía interpretar, me encantó. Se llamaba Dafne y tenía aproximadamente unos veintitrés años. Tenía el pelo negro azabache y una cara delicada y agraciada. Al momento de la audición se encontraba muy nerviosa, pues todas las manos le temblaban y no hacía más que colocarse hacia un lado el flequillo. En su ficha no aparecía que tuviese ninguna experiencia anterior. Simplemente que durante su periodo de instituto había hecho teatro, pero ningún largometraje conocido con algún director/a famoso. Su voz era suave, pero potente cuando el papel no requería. Interpretó a Becca de una manera sin igual. Al final de la interpretación quise aplaudir, pero me contuve. Hablamos entre nosotros, a Mary no le había convencido mucho, más que nada porque no tenía una formación ni una carrera cinematográfica, pero le había gustado su forma de actuar y su atuendo. Al otro juez le entusiasmó el sentimiento que Dafne ponía en los momentos tristes. Sí, aquí va un spoiler. La escena que la chica eligió fue cuando los padres de Dafne son asesinados y tiene que mostrar su dolor por la pérdida. Me conmovió. Tras unos minutos de espera le confirmamos a Dafne que había obtenido el papel. Simplemente nos dio las gracias y se marchó. Bien, el casting de los protagonistas había concluido, más tarde se elegiría al resto del elenco, pero en dos meses se empezaría a rodar. Me entristecía no poder ver a Dafne hasta dentro de dos meses... eso si la veía. Decidí no preocuparme. Recogí mis cosas y me marché a casa. 
Allí estaba mi madre... maldita Valerie... siempre en el momento más inoportuno.

—Bueno, ¿cómo te ha ido? —dijo sin más.
—Bien, hemos terminado de elegir a los protagonistas. Ya los verás en las carteleras el año que viene.
—No creo que vea esas películas...
— ¿Entonces por qué me preguntaste que qué tal? —digo con un tono irónico.
—Bueno, una madre tiene que preocuparse a veces por las necesidades de su hijo, aunque he leído en una revista esta mañana que contra más nos preocupamos, más os lo saltáis a la torera, así que, he decidido no entrometerme más en tu vida. Pero por último... ¿crees que esta es manera de mantener una casa? —me dice soltando una carcajada.
—No tienes remedio mamá... —dijo acercándome a ella y abrazándola. 
—Ah y por cierto, a ver si me aceptas la petición de amistad del Facebook, o tendré que bombardearte con SMS todas las tardes...

Por la tarde mamá se marchó y la casa se me echaba encima. Decidí salir a correr un poco para despejarme. Había vuelto a hacer deporte. Sí, yo, Dan Page había vuelto al mundo del fitness durante dos años de pausa... Durante el recorrido atravesé varios parques y numerosas avenidas, pero mi alegría se disipó al pasar por unos callejones y encontrarme a una multitud de mendigos arropados con cartones y viejas mantas roídas. Pero, mi ánimo tuvo un estado de bipolaridad y volví a recobrar la felicidad al ver a alguien junto a un edificio de dos plantas. Era ella. Mi pulso se aceleró considerablemente, aún más de las pulsaciones por el efecto del running; noté como mis pupilas se dilataban, enfocando lentamente su cara. Aquella carita de niña dulce y mejillas sonrosadas. Era Dafne. ¿Qué estaría haciendo ahí? Por fuera parecía un bar cutre, tipo motel de carretera, pero ella se encontraba allí, lo cual me decía que tenía que entrar. Crucé la acera y me aventuré a entrar en el local. ¿Trabajaría allí como camarera? Obviamente, pues estaba recogiendo las mesas. Pero no, aquello no era un bar. Lo percibí por el olor a humedad y la gente vestida anticuadamente. Se trataba de nada más y nada menos que de un comedor social. Sí, uno de esos comedores donde acuden las personas que no tienen recursos. No sabía qué hacer... ¿acercarme a ella y saludarla cordialmente? No, demasiado arriesgado, pensaría que sería psicópata o un acosador. 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Relato de 20 minutos (2) 1ª parte.



Aquel día había comenzado bien. No estaba demasiado nervioso, simplemente sería mi primer día como jefe de la compañía. Tenía a más de cincuenta personas a mi cargo y no sabía si realmente estaba preparado para ese empleo. Me había partido el lomo durante más de seis años para conseguir el puesto, y al fin, cuando casi lo rozaba con los dedos, me planteaba si debía o no rechazarlo. Mamá estaba harta de decírmelo: "—Dan, a ver cuando te casas, me tienes que dar nietos. —" "—Voy a cumplir setenta y todavía no voy a poder acompañarte del brazo hasta el altar—." "Dime la verdad, ¿no te gustan las mujeres?—." Todas sus preguntas eran para mí un continuo suspiro y siempre se quedaban sin contestar. ¿Qué le importaba a ella si no tenía hijos, no me casaba y prefería vivir solo, o cuestionar mi sexualidad? Mi madre, Valerie tenía cerca de... no lo recuerdo, al menos sesenta y ocho, y era demasiado moderna para su edad. Le daba al Facebook y se dedicaba a mandar SM'S a todas horas. Era un caso, pero yo la quería. En ese momento yo iba también a cumplir los treinta y cinco. Treinta y cinco años y sin pareja... Había pasado por malas relaciones. Mi conclusión era que las mujeres eran malas por naturaleza, y que estaban en el mundo solo para hacerme sufrir.
En realidad mi vida se basaba en ir a mi trabajo. Formaba parte de una empresa de castings para películas, y mi deber era organizar los castings, telefonear a los aspirantes al papel para que se presentasen los días indicados, etc... En conclusión un aburrimiento. Ahora no tendría que tener tanto papeleo, ahora sería el encargado de selección de casting. Yo tendría que decir "¡Siguiente!" y ver como todas las ilusiones de aquellos aspirantes eran pisoteadas y transformadas en lágrimas. Lo cierto es que yo era una persona muy poco objetiva, ya que a mí me gustaba casi todo, y normalmente me dejaba influenciar por las opiniones de los demás jueces. Mi decisión sería la definitiva.

Volviendo a aquel día de marzo, me dirigí al edificio y en cuanto entré, ya tenía a más de diez personas con carpetas y preguntándome cosas. No tenía ni idea de nada, yo simplemente entré sin atender a los buitres empresariales, y me senté en mi sillón. A mi lado se encontraba la crítica, Mary Bassfender, que tenía una revista cinéfila, y a mi derecha se hallaba otro crítico, del cual ni recordaba su nombre. Los candidatos se presentaban a un casting para una película futurista. Hoy elegiríamos el papel de los protagonistas, dos chicos y una chica. Comprobé la lista de aspirantes y había cerca de 1500 nombres. Me ahogué entre los papeles. Tragué saliva, respiré hondo y dije: "Que entren los candidatos". 

En una jornada de casi dos horas encontramos a los dos protagonistas masculinos, estaba muy claro. Altos, de piel blanquecina, musculados y de mandíbula cuadrada. Los típicos modelos de revista. Ambos actores se llamaban Víctor Townsend y Bryan Perry. Ellos tenían una carrera cinematográfica muy corta, pero selecta. Habían llegado a trabajar con James Cameron y eso era un logro. 
Por fin llegó el turno de las chicas, estaba cansado de ver tantas barbas y espaldas triangulares. Ahora elegiríamos a la protagonista, la bella Becca. Becca era una princesa delicada, de tez blanca y manos delicadas. Las aspirantes comenzaron a pasar. Creo que dije "Siguiente" al menos doscientas veces. Pero de pronto, allí estaba ella. Una joven preciosa, muy distinta a Becca.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Relato de 20 minutos (3ª parte y final)



Fue entonces cuando decidí que debía poner solución e inventarme una excusa. Bien, ocurrió así. Acudí a una clínica privada, donde me recetaron unas pastillas anticonceptivas, las cuales podía tomar cada día para evitar quedarme embarazada. Cada mes tenía que desplazarme hasta la otra punta de la ciudad, la farmacia más lejana para que Paul no sospechase. Luego escondía las pastillas entre mi maquillaje, o entre las compresas que compraba para disimular mi periodo. Paul no tendría motivos para mirar allí. Él estaba siempre muy ilusionado, y las relaciones sexuales sin la protección eran magníficas, pero aquel niño nunca llegaría. Paul se preocupaba demasiado, pero yo no miraba por su bien, sólo por el mío. Continué mi romance con May, no la dejaría nunca. Ella me comprendía, era simpática y afectiva. Era exactamente igual que Paul, pero no me dejaba tantas carencias. Él trabajaba a todas horas, y solo teníamos unas horas para nosotros. Aprovechando que él estaría fuera unos días, por reuniones de trabajo, decidí mudarme ese tiempo al apartamento de May. Los vecinos solían quejarse de nuestros gritos, pero no eran peleas, sino amor simplemente. 

Pasaron cuatro años más, y fue entonces cuando sonó aquel teléfono. Dos días antes, May y yo habíamos ido al cine y allí acordamos revelarle a Paul la verdad sobre nuestra relación. Estaba decidida, pero, cuando llegué a mi casa, me encontré a Paul llorando desconsoladamente. Planeaba que fuesemos a una agencia de adopciones, puesto que sino podíamos tener hijos, debíamos ponernos en manos del destino, y tomar por hijo a un niño desamparado. Yo no estaba por la labor, así que, le dije que ya llegaría ese día. Estaba demasiado mal como para confesarle lo de May, sería cruel si lo hubiera hecho, y sin embargo nos fuimos a dormir, sin decirnos nada más. El sobresalto me ocurrió en la cocina estaba colocando la compra cuando me mareé. Sentía náuseas y no me encontraba bien. Decidí ir al médico. Esperé en la consulta. Estaba muy nerviosa. Me pidió que me quitase la camiseta para hacerme una radiografía y me preguntó ¿Está usted embarazada? A lo que yo respondí: No lo sé. No sé porque dije que no lo sabía, pues me había tomado la píldora todos los días del mes. El doctor me colocó en la camilla y me untó una especie de crema sobre la piel. Después puso sobre mi vientre un aparato con luz violeta. No pude contener un asombro. Allí se movía algo, y mi perdición llegó cuando me dijo que en efecto, esperaba un bebé. Me levanté rápidamente y salí de la consulta. Estaba agobiada, no sabía como afrontarlo, así que, decidí ir a ver a May, pero cuando llegué a su casa no encontré a nadie. Solo había una nota en la que decía:  

    Rosalind, he ido a comprar unas sales para el baño,
 volveré en un rato.

Recibí una llamada al móvil. Era Paul. Me pidió que volviese a casa, puesto que el de la agencia de adopciones estaba esperándome allí. Obedecí al comunicado. Llegué a mi casa lo más rápido que puede, pero no le confesé nada a mi marido. En mitad de la conversación con el señor de la agencia sonó el teléfono fijo. Me levanté corriendo, puesto que la conversación del tipo era muy aburrida. Descolgué el auricular y lo coloqué en mi oreja contestando con un ¿Dígame? Escuché el trágico mensaje y no pude evitar que el teléfono cayese a mis pies. Cogí con rapidez mi gabardina y las llaves del coche y salí en busca de mi amada. Mientras conducía volvía a pensar en mi pasado, y en los ratos que había pasado con May. Estaba triste, cabreada, no tenía manera alguna de reaccionar. Sentía una presión fuerte debajo del estómago y una sensación de vergüenza. Llegué rápidamente a la escena del accidente. Su Volkswagen rojo se había empotrado contra un muro. Estaba completamente calcinado. Me abrí paso entre la policía y los bomberos, pero cuando llegué a la ambulancia, dentro no había nadie. En su lugar un cuerpo estaba cubierto por un papel dorado, y no se movía. Me llevé la mano a la boca. Las lágrimas corrieron por mis mejillas como un río caudaloso. Todos mis sentimientos se posaron en mi mano, que mientras uno de los policías me sujetaba, tomó su pistola y... morí. 

Aquel día no solo murió May, yo y mi futuro retoño, aquel día expiró el amor de dos mujeres que se amaban con locura, pero no estaban preparadas a dar el paso de comunicárselo a la sociedad, todo, por el qué dirán. 

jueves, 12 de noviembre de 2015

2ª parte: Relato de 20 minutos.


May no quería matricularse en derecho, por eso duró solo dos semanas. (Demasiado en mi opinión) Se marchó de la facultad y se arrojó a la calle. Comenzó a pintar cuadros por las grandes avenidas, retratos que vendía extremadamente baratos y que le servían para pagarse el autobús de vuelta a su casa. Cierto era que la casa era de sus padres, pero sin estudios y sin trabajo, ella no podía mantenerse. Meses más tarde encontraría trabajo en una cafetería cercana y no desistió de la idea de independizarse totalmente. Abandonó su antigua casa y se trasladó cerca de su trabajo, en un barrio bastante periférico y lúgubre. Un día recibí una llamada suya, puesto que necesitaba una modelo para uno de sus cuadros, necesitaba a alguien rubia y de ojos cobrizos, alguien como yo. Sí, todo me resultó extraño. Como cualquier persona desconfiada deseché la oferta y le dije que no podía recorrer casi doscientos kilómetros porque a ella se le hubiese antojado reflejarme en uno de sus cuadros. No volvió a llamarme, pero en aquella fiesta de antiguos alumnos nos encontramos cara a cara. Yo había ido al baño a cambiarme, pues mis problemas femeninos acechaban con echar a perder mi gran noche. Paul y yo llevábamos juntos casi cinco años, y muy pronto querríamos casarnos, pero tiempo al tiempo. Cuando entré en el baño y la vi mi cara se heló al igual que mis manos y que mis pies. 

—Hola —dijo sin más May repasándome de arriba a abajo. 
—Hola, May —dije yo intentando ocultar mi sorpresa.
—Hace mucho tiempo que no nos vemos. Me resultó raro que rechazases la oferta que te propuse hace años... ¿Cómo está Paul? ¿Sigue jugando al comecocos?
—No, él... trabaja en una tienda de telefonía... ¿Qué tal te va?
—Lo cierto es que bastante bien, trabajo como decoradora de interiores, y gano una buena suma de dinero... pero me falta algo.
—¿Qué es eso? —pregunté yo inconscientemente.

Al momento May se abalanzó sobre mis labios y los besó sin reparo u objeción. El gloss de su boca sabía a melocotón, creando un perfecto contraste con el chicle de menta que masticaba en aquel momento yo. No me eché para atrás. Seguí besándola fieramente, y tuvimos que meternos en uno de los retretes para no levantar sospechas. Aquello no fue nada comparado con lo que haríamos después. Paul dejó su trabajo y nos mudamos a la ciudad de May. Mientras él trabajaba ahora como reparador informático, yo me dejaba caer por el apartamento de May y jugábamos a cosas prohibidas. Toda la vida ha habido lesbianas, mujeres de su mismo sexo que que aman a otras mujeres, que besan a otras mujeres, que se acuestan y se levantan con otras mujeres. Yo no iba a ser menos, pero me encontraba en una encrucijada. ¿Paul o May? Podría jugar a dos bandas, pero eso sería muy cruel. Paul estaba muy ilusionado con la idea de casarnos, pero yo le daba largas, ya que le decía que con veintinueve años todavía es joven para casarse. 

Durante mi romance con May pasó el año dos mil, y el Fin del Mundo no se produjo. Menuda decepción, por lo menos si hubiese ocurrido yo habría disfrutado y no tendría que darle explicaciones a Paul sobre mi infidelidad. Las noches con Paul eran divertidas y placenteras, pero con May eran apasionantes. Conocía una técnica de placer única, y yo disfrutaba el momento teniendo el mi mente un carpe diem completo. Cuando cumplí treinta y dos, le di el si quiero a Paul. Pero ahora llegaba otro paso más difícil. Él quería tener hijos, pero yo no quería. Una familia era demasiada carga para una adultera como yo. May no soportaría la idea de engañar a unos pobres retoños inocentes. Ellos no tenían la culpa de que yo no me aclarase. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Ah y por cierto, tengo tumblr

1ª Parte: Relato de 20 minutos (Experimento)


Últimamente estoy usando los blogs para reflexiones y pensamientos, pero me apetece crear algo nuevo, voy a intentar hacer una historia. Sí, un relato, ahora mismito. Son las 22:38, hasta las 23:00 horas tengo tiempo... ¿qué creéis que saldrá? :P 



Sonó el teléfono estridentemente. Era aquella voz, una voz áspera y ronca que se entrecortaba cuando la respiración del emisor se volvía agobiante. Empleaba palabras cortas y concisas. Volvía a respirar y no sabía expresarse con claridad. El momento clave llegó de sopetón con las palabras "accidente" y "muerte". Automáticamente me alejé el auricular de la oreja y dejé caer inconscientemente el teléfono. Aquel golpe lo recibí como un jarro de agua fría deslizándose por mi espalda a un ritmo extremadamente rápido. Así ocurrió, el coche se había precipitado por un hondo barranco. ¿Habría sobrevivido? ¿Seguiría jadeando cuando yo llegase a la escena del accidente? No podía quedarme esperando. Tomé lo primero que pillé y metí toda mi documentación en los bolsillos de mis vaqueros. Cogí las llaves del coche y conduje velozmente entre el denso tráfico que hoy se había puesto de acuerdo para no dejarme llegar a tiempo siquiera de poder decirle adiós. La poca visibilidad hacía que no sobrepasase los ochenta kilómetros por hora, la niebla y las lágrimas en mis ojos se habían aliado en mi contra. Pero no quería correr la misma suerte que ella, pues se había salido de la carretera cuando volvía de madrugada. Oh, mi querida May se había ido de mi vida para siempre, o estaba apunto de hacerlo. En ese momento, mientras algunos todo-terrenos me acechaban por ambos carriles sentí un escalofrió y me vino a la mente el recuerdo de como nos conocimos.
Fue hace más de ocho años, en una fiesta para alumnos del antiguo instituto. Ella estaba allí, yo había acudido con mi novio y no sentí reparo en mostrárselo al mundo.  Paul no era precisamente la típica persona que uno se esperaba que llevase la chica más guapa del instituto. Es cierto, de niña era muy fea, pero parece que durante la pubertad había mejorado un montón. Paul era grandote, de aspecto bonachón y con unos ojos preciosos, pero no era el tipo de chico que encajaba en todos los grupos. Sí, solía ser un poco friki para aquella época. Friki... qué palabra tan  nueva, jamás me acostumbraré. Por aquel entonces todavía no habíamos terminado la década de los noventa, y francamente, estaba deseando que llegasen los dos mil y el esperado fin del mundo. En resumen, May fue alumna de mi antigua clase, en la cual no llevábamos genial. Ella quería estudiar Bellas Artes, pero sus padres se esforzaron porque ella desistiese y la alejaron de mí a mas de ciento cincuenta kilómetros. 


[Bueno, y hasta aquí el relato por hoy, son las 11 de la noche y me tengo que ir a dormir para ir mañana el instituto. Por favor, si os está gustando y queréis saber como continúa, mañana os daré alguna pista, y otra nueva parte. Gracias por llenar este vacío que el estudio causa en mi. Ais... mi querido blog, ¿por qué te abandoné hace tanto tiempo? ]

viernes, 23 de octubre de 2015

Escritura automática ... (creo que 3) Márchate musa, ¡márchate!



Mis lágrimas corroen mis mejillas. La salinización se incrusta en mis poros dejando mi cara helada, tal y como es. No puedo dejar de salivar en este momento. Las notas del piano se adhieren a mis dedos que teclean sin cesar. Parece que no hay otra cosa igual en el mundo, más que esa música que te recuerda que no debes entristecerte, porque si para eso vives ¿qué estás haciendo mal? Ahora mismo no se te ocurre nada que decir para hacer ruido en este silencio tan hipócrita que únicamente lo rompe el sonido de una scooter que pasa por la carretera. Dime entonces querida musa, que te ha llevado a inspirarme hoy, si no puedo dedicarte nada de tiempo para volver a tenerte entre mis brazos como antes. Son los últimos acordes, ¿estás segura que quieres que continuemos con esta conversación absurda que no nos lleva a ninguna parte? Podría decirse que sí, que en este momento y a esta hora del frío y lluvioso octubre el otoño hace de las suyas, y no me permite salir de casa para despejarme. Quiero que llegue el invierno, ese invierno que se funde en la nieve (aunque aquí no nieva) y que el vaho se dibuja en el viento del contacto entre nuestras manos. Vente conmigo, vayámonos de este mundo infiel y doloroso en el que vivimos. No voy a corregir nada de lo que he escrito, porque es algo automático e insignificante que me postra ahora mismo ante el ordenador. ¿Pero por qué no usar la pluma y el pergamino como antes? Si hiciese eso nadie te conocería pequeña musa mía que me inspiras solo cuando no tengo el suficiente tiempo para hacerte caso, para detenerme a mirarte, directamente a lo ojos como lo estoy haciendo ahora. 

Márchate, tengo que trabajar. 

lunes, 10 de agosto de 2015

Escritura automática 2 (A veces puedes sentir más de lo que crees)



A veces se escarmienta. No hay necesidad de seguir con esto. Tienes ganas de llorar. El frío se ha calado en tus huesos y ha vuelto coloradas tus mejillas. No. ¿Por qué no? Debes sentir felicidad, amor por lo que uno hace. Siéntate a leer. Saborea el chocolate más intenso que nunca probaron tus labios. Explora el límite de tu mente. No hace falta ser joven, no importa si eres gordo o gorda, si tienes el cabello rubio o simplemente optaste por que no te llamasen tonto. Piensa con la cabeza mientas escuchas tu canción favorita. Sé tú mismo. Golpea las teclas, acaricia una almohada. No. No necesitas nada más.  A veces sueñas con un futuro perfecto. Te pones límites, metas, pero nunca cumples nada. Ahora, quieres llorar. Pues llora. Dale de nuevo al play. No quieres escuchar otra canción. Finge que actúas, que actúas. Todo es arte. Todo lo que te rodea, una palabra "todo" es una palabra que significa todo. No tienes sentido. Necesitas beber. Necesitas sentirte querido. Todo el mundo necesita amor en su vida. No quiere seguir con esto. Deseas acabar mirando al cielo. Corrige todo. Sigue tu vida, y tu camino, aunque a veces haya baches. Esquiva los resaltos y borde la carretera. Muchas veces no se necesita nada más. Limpia tus manos. Nunca dejes de cantar. Haz sonar tu voz. Las gotas de lluvia repiquetean contra la ventana. Tu constipado no te deja pensar con claridad. Deseas poner de nuevo esa canción, pero no lo haces. El piano suena como una música angelical, que hace que tu vello se ponga de punta. Piensa de nuevo. La palabra no ha aparecido muchas veces tecleada por tus dedos. Te duelen. Guarda la entrada. 

martes, 7 de julio de 2015

Reseña de "No te emociones tanto" de Ana Barderas

Bueno, creo que ya era hora de presentar a este fantástico libro y a esta guapa autora al mundo! En mellamanro siempre habrá un sitio para ella. Se trata de Ana Barderas, una escritora veterana de "veintitantos" con una sonrisa muy secsi (Ana, si lees esto sabes que todo lo que digo es en cachondeo :P) No te emociones tanto es una novela contemporánea de amor, rock, cachondeo, desfase, graciosa, cantantes, arquitectos... bueno, bueno, que tiene de todo vamos!




Título: No te emociones tanto
Autor: Ana Barderas (prólogo de Sabela Giménez)
Longitud: 234 páginas (de rock, amor y vida real)
Precio: 9,13€ No te emociones tanto (Click para compra) [Bueno, bonito y barato señoras y señores!]
Editorial: Autoedición de Ana Barderas.




Nota: Excelente. Ningún número puede calificarla.


Sinopsis: Una chica normal y corriente con una obsesión: Un cantante de los 90 en plena crisis existencial. Él, un cantante de los 90, en plena crisis existencial, buscando cómo volver a estar en la cumbre. Ella deseando cruzarse con él. Él no sabe ni que existe.
¿Los pondrá el destino en el mismo sitio? Bueno, no te emociones tanto.


Booktrailer: 




Opinión personal: A ver... por donde empiezo... 
Bien, la novela es... Impactante. No quería acabarla, Ana sabes que no quería!! :( Pero tuve que hacerlo. Necesitaba saber que sería de Vega. Oh Vega! Se ha convertido en mi amor platónico. Vega es la coprotagonista del libro, y es una chica joven-adulta que lo único que quiere es asentar su vida y que trabaja en un estudio de arquitectura. Bien hasta ahí todo muy bien, pero luego llega un terremoto! Ese terremoto se llama Deneb Murphy, que es un cantante que comenzó su carrera en los noventa, y ansía volver a estar entre los ídolos musicales del momento. Maldito Deneb, lo que me has hecho sufrir!!!! Desde aquí te maldigo! (Bueno no, que sabes que me caes bien) Aparecen muchos personajes más, y todos con una personalidad totalmente distinta. Lo que más me llamó la atención es los nombres de los personajes que son raros, pero a la vez interesantes. (Ya sabes el dilema que tuve Ani, con Ras xD)

Este libro me fue enviado en época de exámenes y yo entre la Guerra Fría, el utilitarismo, los fallos de mercado y las reported speech no tenía tiempo para acabarlo. Lo empecé a leer de forma digital y me cautivó. El toque de realidad que la autora pone en él me dejó helado, no era una película, era como si yo fuese el vecino de Vega o yo que sé! Ana, un día de estos quedamos con Vega y los demás a tomarnos un café... o lo que surga! jajaja
Si creéis que lo habéis leído todo, y no habéis leído "No te emociones tanto", no sé a que estáis esperando! Eh! Eh! 
Lo que más emoción me hizo fue llegar "to depre" del instituto y encontrarme el paquete con el libro. ¡Gloriosa Ana que me alegraste el día! 

Muchísimas gracias Ani, de corazón, por brindarme el honor y la oportunidad de poder leer tu libro, en formato papel, y sobre todo por enseñarme tanto con tus novelas. Gracias por la dedicatoria en la que me llamas nº 1! jajaja y sobre todo muchísimas gracias a que te conocí en Wattpad y no sé que habría pasado si aquel agosto de 2013 no me hubiese creado la cuenta y te hubiese seguido! Muchísimas gracias por formar parte de mi vida, eres una escritora enorme y una persona de "puta madre" como diría Den! Un beso muy fuerte, esta reseña es para tí.

Y ustedes lectores del blog, ya estáis comprando el libro!!! No se que hacéis leyendo aquí todavía (es bromi :P)

Muy buenas tardes, y nos seguimos viendo aquí, chao! 



lunes, 29 de junio de 2015

Reseña de "Donde los árboles cantan" de Laura Gallego García.

Hola holaaa!!! Buenas tardes lectores, hoy os traigo una reseña de un libro que es INMEJORABLE! Creo que lo devoré en... tres días? Porque estaba de exámenes. Se titula... "Donde los árboles cantan" de la magnífica Laura Gallego. Hace unos... tres años, leí "Finis Mundi" de la misma autora y también me encantó. Bueno, comencemos con la reseña! :D


















Título:Donde los árboles cantan
Autor: Laura Gallego García
Longitud: 477 páginas (de puro amor)
Precio: 15,00€ aproximadamente.
Editorial: SM





Nota: 10/10 Nada es perfecto, pero se merece un diez.

Sinopsis: Algunas historias se escuchan... otras se viven. Viana, la única hija del duque de Rocagrís, está prometida al joven Robian de Castelmar desde que ambos eran niños. Los dos se aman y se casarán en primavera. Sin embargo, durante los festejos del solsticio de invierno, un arisco montaraz advierte al rey de Nortia y sus ca balleros de la amenaza de los bárbaros de las estepas… y tanto Robian como el duque se ven obligados a marchar a la guerra. En tales circunstancias, una doncella como Viana no puede hacer otra cosa que esperar su regreso y, tal vez, prestar atención a las leyendas que se cuentan sobre el Gran Bosque… el lugar donde los árboles cantan



Reseña y opinión: En primer lugar destacar que no es del todo una novela para niños. Aparecen temas que los adultos o personas adolescentes ya conocen. La novela es IMPACTANTE, INMEJORABLE Y CON UN FINAL ÚNICO. Creo que es el libro más chulo que he leído en años. (Este 2015 literario promete jajaja). La prosa de Laura Gallego es tan... Nah, no digo eso que si no todas las reseñas son iguales. Laura Gallego escribe genial! Hace el libro ameno, interesante, único!
Este libro no merece una reseña, merece un premio de literatura mayor que SM. Los personajes... son brutales. Si he de poner una pega... los nombres que son un poco raros jajaja, pero sienten. Esos personajes forman parte de tu vida cotidiana... yo ya no miro a los árboles de la misma forma... (ahí lo dejo jaja). Las descripciones son tremendas, consigues imaginarte todo como si fuese una película, o como si fuese la vida real. Con este libro puedes sentir rabia, amor, desprecio, esperanza y tristeza. En algunos momentos clave del libro llegas hasta el punto de llorar o maldecir la suerte de Laura Gallego (sin ofender) porque tu no deseas que el libro sea así, pero al final comprendes que todo tiene que llevar su curso. Podría hacer una reseña enorme de este libro, pero creo que en estas líneas he plasmado todo lo que he sentido. 

Muchísimas gracias a mi amiga Helena González, por recomendarme el libro y brindarme la oportunidad de conseguir tantas emociones. Gracias también a vosotros lectores por seguir leyendo cada vez que subo estas reseñas... con las que completo el blog jajaja.


La próxima reseña sera: "No te emociones tanto" de Ana Barderas.

miércoles, 27 de mayo de 2015

PUBLICACIÓN CON EDITORIAL!!!!

Sii!!!!!!!! Por fiiin una editorial me ha dicho que si!!!! Olé olé ole!!!!! 
Ha sido la editorial Writeway la primera que ha aceptado mi manuscrito del relato "Te alejaste de mí", no podría estar más feliz :) Vale, hace ya muchos meses de esto, pero nunca me había puesto en serio. El relato lo podéis leer a través de mi página de wattpad: www.wattpad.com/RotineDrifango O incluso en mi página web! ¿Página web? Pues sí, me he hecho una página web! Como los buenos. 
Os dejo aquí las sinopsis también, el booktrailer y el link directo a la historia. En fin, nada más que eso, que esto llevaba en borrador desde el 19 de febrero y había que publicarlo ya jajaja, Un saludillo! :D y espero que os guste. 



Sinopsis: "Todo comienza una tarde, cuando Molly, una mujer casada de unos treinta y cuatro años llega a su casa en Petterguiew después de un funeral agotador..."
Ambientado en la Inglaterra del siglo XXI, este relato tiene drama, algo de humor y sobre todo el toque ideal de realidad moderna. Es considerado un relato para adultos, no por ser erótico, sino porque considero que una mente adulta, le encontraría más sentido y se podría "identificar" con la protagonista.
Forma parte de "La Antología del Bosque".
Booktrailer:
Entrevista a mi persona:
Links externos de mi editorial: 

lunes, 25 de mayo de 2015

Reseña de "El beso más pequeño" de Mathias Malzieu.

Hola hola de nuevo lectores!!!!! Bueno hoy os traigo una reseña de un libro... bastante raro. ¿Es una historia de amor? Bueno... se llama el beso más pequeño, pues sí y no. Es una historia de sentimientos... todo a flor de piel. Se parece un poco a la película de Amelie, no en argumento, si no que es una película para sentirla, no para buscarle tres pies al gato. En fin, sin más, vamos con la reseña.

























Título: El beso más pequeño
Autor: Mathias Malzieu (es el vocalista de Dionysos, un grupo francés)
Longitud: 142 páginas + el Esparadramor
Precio: 8,95€ edición de bolsillo.
Editorial: Penguin Random House

Nota: 7/10. Lo de las notas no hay que llevarlo a rajatabla, el libro está muy bien, ciertamente, pero me ha faltado algo... algo que no ha conseguido hacerme sentir tan bien como otros que he leído anteriormente. 

Sinopsis: ¿Eres de los que creen que el amor mueve montañas? ¿Que nuestro destino amoroso está por encima de nuestra voluntad? ¿Te parece que una historia de amor romántica tiene que vencer todo tipo de obstáculos?

Booktrailer: 



En mi opinión: La prosa de Mathias es... mágica. Las metáforas son brutales y la magia se respira en todas las páginas del libro. He de decir que, el final no es previsible, o al menos desde mi punto de vista, lo que está muy bien. Dentro de la historia encontramos numerosos personajes como el protagonista, que no tiene un nombre específico, pero que narra la historia en primera persona. Luego un detective privado que se llama Gaspar Nieve (los nombres son súper curiosos). También tenemos a una chica llamada Luisa, que es la farmacéutica del personaje principal. Por último tenemos a un loro muy loco, que pertenece a Gaspar Nieve. Ah, y por supuesto a la chica, llamada con nombre de flor... que es el personaje mediante el cual se hila toda la historia. El personaje basa la historia en la búsqueda de esa muchacha. Se sabe que la chica tiene nombre de flor, que tiene un intenso suspiro en Re menor, y por supuesto, lo más raro. La chica DESAPARECE cuando la besan. ¿Asombroso no? Bueno, pues yo desde aquí y sin revelar nada más os animo a que la leáis. Por cierto, al principio del libro, él, la besa. No digo más... Un libro plagado de misterio romántico y la búsqueda de ese amor que todos hemos deseado alguna vez, pero que se ha ido... 

Nota sobre lo anterior: Lo que explico al principio de que es como Amelie, la película en la que la protagonista es Audrey Tautou, me refiero a lo que ya he explicado. El argumento es raro, pero bueno a la vez. No hay que ser tan analíticos y buscar respuestas donde no las hay, al menos, yo no lo he hecho. 
Un saludo!!! Dejadme en los comentarios si queréis, que os ha parecido la reseña, si os gustan este tipo de reseñas, si habéis leído el libro o lo vais a hacer. Adiós!!! :)