domingo, 27 de noviembre de 2016

Encontrándose a sí misma (Relato único)

Aquel piso en realidad parecía una cuadra. Los vestidos, sujetadores y demás prendas femeninas se amontonaban en el sofá, al igual que las colillas que rebosaban en el cenicero de la mesita de café. Las persianas estaban bajadas la mayor parte del tiempo, y se podía suponer que allí no vivía nadie. Pero no era cierto. Aquel piso céntrico era habitado por una mujer de treinta y pocos años, cabello rojizo con alguna que otra cana en las raíces y de expresión amable y sencilla. Juliet Sparks vivía sola desde hacía al menos… cuatro años. Su última relación había sido un completo fracaso. A escasos meses de comprometerse, ella se cansó y decidió que cada uno siguiese su camino. Lo normal en aquellos casos era que a los pocos días, lo enamorados volviesen a estar juntos, pero aquello no ocurrió. Ella trabajaba como columnista en un periódico local, y dedicaba aquel espacio para liberar toda la tensión acumulada por sus prejuicios. Juliet no se consideraba una mujer fea, simplemente que tenía algunos “kilitos de más” para cómo debía ser una mujer moderna de la actualidad, tenía la nariz respingona y fumaba mucho. Fumaba, y bebía café. Por eso en el momento que entrabas al apartamento la concentración entre el humo del Camel y el contraste con el café colombiano que compraba expresamente del Lidl hacían que pensases que te encontrabas en el bar de abajo. Aparte de esos hábitos mejorables, llevaba bastante tiempo sin hacer deporte, más por pereza que por otra cosa. Por las noches solía echar una hojeada a sus fotos del instituto o la orla de cuando se graduó en la universidad. “Qué tiempos aquellos, en los que mi talla treinta y seis me quedaba divina”—se decía así misma entre suspiros.

Hacía más de diez años que se había licenciado en literaturas comparadas y periodismo, pero se tomó varios años sabáticos intentando escribir novelas románticas para publicarlas. Aquella época pasó, y no terminó ninguno. Los manuscritos cogían polvo en una caja de cartón con empapelado cutre y esperaban ser retomados algún día. Más tarde obtuvo su trabajo en el periódico, pues su madre, Mildred, tenía una prima que era reportera de televisión. Ella había empezado como columnista de ese periódico, y tuvo la caridad de solicitar un puesto para Juliet. Dentro de ese periódico nuestra protagonista conoció a un joven y prometedor contable, Adrián, que tenía más o menos su misma edad y unos músculos de gimnasio. Estuvieron saliendo alrededor de un año, pero de buenas a primeras Juliet “le dio la patada” y se refugió de nuevo en su trabajo. Era insoportable tener que verlo todos los días rondando por allí y coqueteando con las secretarias, pero al final de todo lo ascendieron y no lo volvió a ver.

Aquel día era veintitrés de diciembre y eso significaba que quedaba muy poco para Navidad. Ella había cogido las vacaciones una semana antes, y volvería a incorporarse a mediados de enero. Un momento, ¿veintitrés de diciembre? Qué raro que su madre todavía no la hubiese llamado para preguntarla que quería para la cena de ese año, y si llevaría a alguien. ¡Já! Ojalá pudiese decirle a su madre que tenía un hombre durmiendo en su cama y que muy pronto se comprometerían y le daría nietos, pero eso no era así. No habría ni boda ni niños.  Mildred se empeñaba en juntar a la familia todos los años para la cena de Navidad, y celebraban una fiesta a lo grande. Lo cierto es que la familia de Juliet era bastante adinerada y poseían un chalet con jardines muy grande, cerca de Brighton. ¿Qué manía era esa de invitar a todo el mundo? No solo tendría que soportar ver a sus otros cuatro hermanos, todos casados y con tres hijos cada uno, sino que también vendrían sus cuñadas, aquellas harpías sin escrúpulos que lo único que sabían decir era: “Ay, sí, pues mi Tyler ha dibujado esto en la escuela” “¿Cuándo te vas a casar, Juliet? “No te preocupes, ya te llegará tu momento, esperemos que no sea demasiado tarde” “Sí, muy pronto vamos a tener otro, será una niña, y estamos planteando en llamarla Angelina, como la actriz”. Malditas brujas de tacones de aguja y uñas con manicura francesa, no las tragaba. Con sus hermanos solo hablaba por teléfono, y en ocasiones puntuales, pues tampoco tenían mucho tiempo, ni siquiera para su familia. Dos de ellos trabajaban como empresarios, otro era investigador genético y el último se empleaba como profesor de autoescuela. Aunque al más pequeño (Jacob) se le había ofrecido la posibilidad de trabajar para uno de los empresarios, este había rechazado, pues casi siempre iba en otra onda. Juliet lo apreciaba muchísimo, mucho más que a los otros. La lástima es que Jacob no iría a la cena de Navidad, y por eso Juliet se aburriría de lo lindo.

Aquel veintitrés no hizo mucho, simplemente colocar y limpiar un poco la casa, por si a su madre o alguna de sus pocas amigas se le ocurría aparecer. Su mejor amiga de todas, había trabajado en el mismo periódico que ella como redactora. Se llamaba Charlotte, y era una joven peculiar. Juliet la solía llamar “Cherry”, pues era el apodo que le habían puesto desde niña, y aún se sentía a gusto con él. Cherry era una rubia de metro setenta, treinta años, busto bien formado y con largas piernas; en definitiva, lo contrario a Juliet. Cuando salían de fiesta, era normalmente la que solía ligar y Juliet se tenía que conformar con el amigo feo que traía el otro chico, pero por lo menos aún sabía que atraía a los hombres, bueno a ese tipo de hombres. Cherry ahora había conseguido curro como anunciante para una empresa de cosméticos, pero seguía quedando con Juliet para salir por ahí.

Las premisas de Juliet se cumplieron. Eran las ocho y media de la tarde cuando su teléfono empezó a sonar estridentemente mientas ella disfrutaba de una apacible ducha caliente. Por poco tropezó en los baldosines mientras corría con la espuma del champú cayéndole por la cara hasta la mesita del  teléfono. Lo descolgó y allí encontró su peor pesadilla. Todo empezó con un intercambio de “¿Hola, qué tal estás? Siguiendo con una ronda de “Hace mucho tiempo que no te veo, a ver si te pasas más por casa” y acabó con un “¿Te apetece marisco para cenar, o prefieres algo de pavo relleno?” “Voy a hacer jamón al horno, creo que a los invitados les gustará” “La cena empieza a las nueve y media, no llegues tarde. Si traes a alguien comunícamelo en seguida, y por cierto, no hace falta que traigas nada, pero si quieres puedes comprar algo de vino o de champán, sabes que a papá le gusta mucho. Adiós Juliet, te espero”. La conversación poco intervenida con Mildred duró al menos doce minutos, en la cual solo aparecieron algunos “Sí, mamá” “Estoy bien” por parte de Juliet. Pero no contenta con eso, su madre le dejó un mensaje en el contestador automático: “Ah, se me olvidaba. Ponte guapa, que van a venir los antiguos compañeros de papá con algunos socios de la empresa, lo mismo tienes suerte y encuentras a tu media naranja. Algo de tacón y bolsito a conjunto, ya sabes. ¡Besos!” Definitivamente aquella mujer se había vuelto insoportable. La última condición era ir bien vestida, como si se tratase de una top model. “Maldita sea” —pensó Juliet maldiciendo su suerte—. “Ahora tendré que ir de tiendas, porque no tengo nada que ponerme”. A las nueve y cuarto se presentó en el centro comercial, con la sorpresa de que todas las tiendas estaban cerradas. Maldijo de nuevo su suerte y pensó que podría comprarse el modelito horas antes de la cena.

Y como todo lo bueno se acaba pronto, allí llegó ya, en día de Navidad y con el atuendo sin comprar. Volvió de nuevo al centro comercial donde había estado y revisó más de quince tiendas distintas. Consiguió unos zapatos de tacón mediano, muy bonitos, todo hay que decirlo, y llegó incluso a encontrar un bolso a conjunto, aunque tuvo que pelearse con una mujer con pintas de travesti para obtenerlo. Ya solo faltaba el vestido. Se quedaba sin tiempo. Aún tenía que ducharse, peinarse, vestirse y conducir hasta la casa de sus padres, que no es que estuviese muy cerca. Sí, tendría que atravesar al menos treinta kilómetros de carretera para ir a la cena, a la cual no tenía ningunas ganas de asistir. Pero de repente ocurrió algo extraordinario, delante de un escaparate apareció el vestido ideal. Un vestido ajustado de palabra de honor con tonos dorados y azules que iba perfectamente con el bolso y los zapatos. Parecía que aquel día la suerte le sonreiría un poco a Juliet Sparks. Aunque el vestido se salía un poco de su presupuesto, estuvo dispuesta a darse el capricho solo por el hecho de que lo había encontrado. Lo compró y salió de la tienda más contenta que unas pascuas. Como aún le quedaban cuatro horas para la cena, decidió pasarse por la peluquería para que le diesen un retoque de tinte y peinado. Eso duró una hora, e iba justa de tiempo. Justo antes de salir del centro comercial, viendo que la suerte le había sonreído, dispuso comprar un boleto de lotería con el número “55113” por si todavía conservaba algo de fortuna. El premio era suculento, de al menos siete cifras. Salió del centro comercial y se dirigió hacia su casa. Allí se duchó relajadamente, se vistió y se maquilló. Ni ella misma se creía que tanta sensualidad pudiese encontrarse en su cuerpo. Sonriendo tomó la idea de mandarle un sms a Cherry para que corroborase que iba sexy, y así fue la respuesta. Tomó su abrigo y se montó en el coche dispuesta a llegar a tiempo a la cena de Navidad, por primera vez en más de seis años. Justo durante su trayecto había empezado a nevar y su coche no estaría preparado para atravesar caminos hasta la casa de campo de sus padres. Aparcó en una de las calles más cercanas que pudo encontrar y tomando un paraguas del maletero se puso en camino. Hacía un frío tremendo y entre la nieve y el aire, Juliet estaba congelada. Avanzó como pudo por los callejones hasta que de pronto pasó un coche. Ella pensó que quizás un taxista caritativo la recogería, pero en cambio se trataba de un loco alcoholizado que pasó derrapando al lado de la pobre Juliet y provocó que su vestido se empapase por completo con la nieve derretida que no acababa de cuajar por aquellas calles húmedas. “Maldita sea” —pensó Juliet tiritando de frío. Con el vestido chorreando y las esperanzas acabadas continuó el trayecto hasta dar con un pobre hombre que se acurrucaba en torno a unos cartones y unas mantas. Calentaba una lata de judías en un camping gas minúsculo y a la vez intentaba entrar en calor. El señor de párpados caídos miró a la desamparada Juliet y no tuvo más remedio que preguntarla.

— ¿Por qué una chica tan preciosa está sola en Navidad? ¿A dónde se dirige, señorita?

Pese a la desconfianza de Juliet por los desconocidos decidió responderle con amabilidad.

—Voy a casa de mis padres a una fiesta… aunque realmente preferiría haberme quedado en casa.

—Una fiesta eh… bueno querida no creo llegues muy lejos con ese vestido empapado. Si te apetece puedo compartir unas cuantas judías contigo.

—No se preocupe buen hombre, pero déjeme entregarle algo como muestra de mi agradecimiento, ni siquiera Mussolini debería estar solo en Navidad. Tenga —dijo sacando un billete de cincuenta libras de su bolso—. Para que pueda alojarse, o comprarse algo.

—Gracias jovencita, permíteme a mi darte mi chaqueta y que te sirva de resguardo, o no creo que llegues muy lejos con ese vestido tan corto. Estas niñas de hoy en día con sus trapitos cortos… —dijo el hombre entre algunas risas.

Y así tomando la chaqueta del mendigo generoso, Juliet se despidió de él y continuó con su camino, sin darse cuenta que al darle el dinero el boleto de la lotería se cayó al suelo ocultándose entre la nieve. Al no dar con ningún taxi y estar muy lejos de su coche, decidió realizar el camino a pie. Llegó por fin al chalet, aunque con algo de fiebre por el frío. Sería cosa de las diez y media.

—Pensábamos que ya no vendrías —dijo su madre mientras llevaba algunos aperitivos a la mesa—. Y olvidaste el vino, si es que no puedo encargarte nada, menos mal que compré algo de rosado. ¿Qué son esas pintas? Sube ahora mismo a cambiarte, seguramente tenga un vestido en el armario que te valga. Y baja en seguida, bastante ridículo hemos hecho ya…

Por si no fuera poco tras la regañina de su madre, la colocaron justo entre sus dos tíos, Alfred y Eileen, que actualmente se encontraban en periodo de divorcio y se pasaron la cena regañando por la custodia de su perro y la partición de bienes. Sus sobrinos se habían pasado la velada correteando, gritando y los más pequeños llorando. Obviamente tuvo que soportar los esperados comentarios de sus cuñadas, y algo inesperado, la presentación de su soltería a los socios de sus padres, que insistieron irónicamente en emparejarla con alguno de sus hijos. El vestido que Juliet había tomado de su madre era horroroso, y la zona del cuello la tenía irritada. Tras comerse y degustar algunos canapés se pasó la mayor parte del tiempo pegada a la copa de champán y cantando villancicos pasados de moda. Por último, el clímax de la cena llegó con un hombre de al menos treinta y ocho años con el que acabó enrollándose.

La cena acabó y pudo irse a dormir con una cogorza monumental. Al día siguiente todo le daba vueltas, y tuvo que usar el servicio un par de veces. Se duchó tranquilamente y bajó al saloncito, donde solo quedaba la familia y observaban la tele con atención.

—Ya era hora de que bajases a comer. Ten, te he preparado un poco de sopa —dijo Mildred sonriente.
Mientras comían, llegó el turno de las noticias, y en la televisión comenzó a hablarse del premio de lotería, que se había realizado esa misma mañana.
 La cara de Juliet cambió por completo a comprobar que el número premiado era su número, el “55113”, y que el ganador al cual estaban entrevistando era nada más y nada menos que el mendigo al que Juliet había ayudado la noche anterior. Éste daba las gracias a un ángel pelirrojo que había aparecido entre la nieve, y confirmaba que donaría la mitad del premio a asociaciones contra la mendicidad y la entrega de alimentos. Sin embargo Juliet no empezó a patalear, ni a lloriquear de rabia, se dedicó a sonreír y a pensar que aquel premio estaría mucho mejor en manos de las ONG, que en su bolsillo, pues ella seguramente lo habría gastado en tonterías. Aquel pensamiento no parecía real, pues la sociedad consumista te obligaba a que si tenías dinero debías gastarlo lo antes que pudieses.

—Una semana después—

Juliet continuó con su vida tras el fin de año. Salió de fiesta con Charlotte, la cual encontró a más de un hombre y decidió formalizar una relación seria. Juliet concluyó con dejar su trabajo por un tiempo, y se volcó de lleno para acabar sus novelas románticas, las cuales no tenían ningún final posible, hasta que, una tarde a principios de enero, una persona muy especial se presentaría en su puerta. Un hombre de barba recortada, altura considerable y de apariencia generalmente atractiva se erguía en la entrada de su piso. A ella por poco se le paró el corazón, al comprobar que se trataba del chico de la fiesta de navidad, con el que había tenido una noche que no había podido recordar. Él había conseguido la dirección gracias a Mildred, que se había mostrado muy satisfecha. Ella lo invitó a pasar y tomaron un café muy entretenido, del que saldría una sólida relación. Por fin, estaba lista para terminar su primer libro, al cual tituló “Encontrándose a sí misma”, con el que obtendría un gran reconocimiento. Y es que hay una frase que dice, “si ayudas a una persona, el buen karma te recompensará, sea un día cualquiera, o en la mágica Navidad”.

sábado, 29 de octubre de 2016

Buena nueva! La Séptima Entrevista

Hola queridos amigos del MeLlamanRo! Tengo una buena nueva para vosotros, y es que vais a poder encontrarme en una revista digital! Desde hace una semanna soy colaborador de La Septima Entrevista (http://www.laseptimaentrevistaa.com) en la que he empezado a compartir mis relatos. Muchos quizás los hayáis leído por aquí, pero hasta que haga nuevas creaciones podéis releerlos allí. También subiré allí relatos exclusivos y artículos o críticas. De momento es simplemente para informaros de los proyectos que tengo en mente y que estoy haciendo.
En segundo lugar sigo enredado con Siempre conmigo , novela la cual espero poder ir publicando en Wattpad conforme vaya escribiéndola. También ando con varios relatos e intentando sumarme a la prosa poética de la que tanto habla la gente. No voy a escribir prosa poética por moda, sin embargo voy a intentar hacer algo decente para ir probando géneros nuevos y reinventarme.
Os seguiré informando queridos lectores, un abrazo! :)

lunes, 10 de octubre de 2016

Placer concedido (Relato erótico +18)

Por fin había llegado julio, y así comenzaban sus vacaciones. Un mes entero para pensar en ella misma. Sin restricciones de ningún tipo, ya que durante más de seis meses había estado haciendo una dieta baja en calorías para definir su cuerpo. Había conseguido bajar de setenta y ocho kilos a un peso de sesenta y dos. Para medir un metro setenta, no tenía un exceso de peso, pero las mala alimentación, los chocolates de navidad y el estrés post-producción de los programas habían acabado con ella, refugiándose tristemente en la comida rápida. Las malditas estrías habían abandonado su cuerpo gracias una crema que su amiga Tania le había recomendado de la farmacia.

Y allí estaba, saliendo de los estudios de la televisión para la que trabajaba, una Rebeca nueva. A raíz de su ruptura dos años antes no había querido involucrarse en una relación seria, prefería el sexo fácil que los "folla-amigos" le proporcionaban. Rebeca acababa de cumplir en el mes de abril los treinta y tres. Treinta y tres años de soltería, menos los ocho meses que estuvo saliendo con Alfonso. Alfonso, treinta y ocho años, su jefe y propietario de la empresa de telecomunicaciones líder, un cerdo de campeonato. Durante esos ocho meses de relación todo fue sobre ruedas, citas en el Retiro con paseos en barca a remo, cenas románticas en restaurantes caros, todo lo que una chica pudiese soñar. Alfonso había estado casado en tres ocasiones, con un hijo de cada relación. Después de los ocho meses, Rebeca se lo encontró en la cama con otra y decidió poner punto y final. A pesar de eso, todavía le quedaban tres años de contrato en su empresa, así que, prefirió poner la otra mejilla y continuar trabajando allí.

Dos meses después de ese hecho llegó a la empresa un nuevo presentador de tele-diario, Raúl, un macizo de calendario de bomberos. Treinta y seis años muy bien llevados, barba espesa y recortada con además un aliciente, su manera de encandilar. De las pocas veces que Rebeca había hablado con él se le había caído la baba. Se notaba que había trabajado durante mucho tiempo como periodista, y ahora, había llegado a la cadena para quedarse. He aquí cual era el deseo de Rebeca, acostarse con Raúl. Cuando en julio tomaban vacaciones, celebraban una cena en un restaurante de categoría, y más tarde alquilaban un local para los cócteles y la post-fiesta. Normalmente acababan emborrachándose y llegando tarde a casa en el metro, pero Rebeca tenía un plan mucho mejor. Los últimos días que había estado elaborando un reportaje, Raúl había mostrado en ella un interés superior, algo que no le pasaba con nadie, ni siquiera con su amiga Tania, una modelo de treinta y ocho con tallas noventa-sesenta-noventa que había estudiado informática y tras su carrera como modelo se dedicaría a lo que de verdad le gustaba, los procesos binarios y la programación.

Raúl se le había insinuado, o al menos eso creía ella. Llevaba cerca de tres meses sin tener sexo, la última vez con su vecino de arriba, un yogurín de veinticinco que solía ver sin camiseta cuando tendía la ropa en el patio común. Un día, sus calzoncillos se cayeron al patio cuando Rebeca estaba recogiendo la ropa, y cuando se los subió al tercero, se lo encontró recién duchado, con el pelo mojado y una toalla cubriendo únicamente sus partes más íntimas. Rebeca se lanzó y él no la rechazó. Ella nunca había disfrutado tanto del sexo, ni siquiera con Alfonso. Aquel niño tenía algo natural, que hacía que le temblasen las piernas, pero lamentablemente fue un polvo tonto y dudaba que volviese a repetirse.

Llegó a su casa aproximadamente a las siete de la tarde y se preparó para arreglarse. Se había comprado un vestido rojo oscuro, bastante ceñido y con una abertura hasta la cadera por ambos lados. Los tacones la convertían en una modelo y el maquillaje resaltaba sus pronunciados labios, los cuales mordía con frecuencia. Para la cena asistió a una peluquería para que le hiciesen un peinado elegante. Una coleta larga y alta se ceñía a su coronilla y se juntaba con su espalda descubierta. Terminó de preparar su bolso y salió pitando para el restaurante. Allí estaban todos vestidos de etiqueta, con sus trajes y esmóquines impecables, otras con vestidos largos, e incluso Merche, la secretaria de Alfonso se había maquillado un poco y se había metido en un mono de color azabache. Todos se sentaron, esperando a Raúl, que por primera vez en lo que llevaba trabajando en la cadena llegaba tarde. Pidieron unos entrantes para picar algo y al tiempo que los platos llegaban, Raúl aparecía haciendo una entrada triunfal en el restaurante. Entró con su americana beige, ciñendo completamente sus brazos atléticos, el primer botón de su camisa se había desabrochado con travesura para dejar aparecer un vello espeso sobre su pecho tostado. Unos pantalones azules marino que le llegaban a la altura del zapato quedaban totalmente apretados en su entrepierna, disimulados con la amplia hebilla cuadrada de su cinturón. Rebeca no podía dejar de mirarle el paquete, que a cada paso que daba se movía de un lado para otro. Un calor insoportable se colocó en su garganta y bajó por su esófago hasta la boca de su estómago, obligándola a beber agua de la copa que tenía delante. Tania se dio cuenta, y fingiendo que prefería sentarse en la silla de fuera para ir y salir al baño cuando se encontrase mal por sus problemas femeninos, le cambió el sitio a Raúl, colocándose este al lado de Rebeca. El contacto entre sus piernas al sentarse provocó en ambos un intenso suspiro que coloreo las mejillas de Raúl y un temblor en la mano derecha de Rebeca.

Durante la cena se trataron temas sobre la empresa, política, a qué lugar irían de vacaciones o sobre cuando la pobre Tania encontraría un marido decente. La comida estaba exquisita, y después de esta cena daba paso a ir al local que habían alquilado. Rebeca aprovechó que el pesado de su jefe no le daba conversación para ir al baño, al cual no había entrado durante toda la velada. Después de intentar acertar en el retrete sin tocarlo con las piernas, salió para lavarse las manos. Colocó jabón en ambas palmas y las enjabonó para después aclararlas con el chorro del grifo. Al tiempo que miraba al espejo sintió sobre su trasero el tacto de un duro objeto apretándose contra ella, seguidamente unas manos la rodearon por los hombros y vio a Raúl reflejado en el espejo.

—No sabes cómo me pones Rebeca, no puedo esperar más. Ya has visto, estoy al límite. Necesito que lo hagamos, pero no encuentro una manera bonita de decirlo —dijo Raúl jadeando al oído de Rebeca. El aire caliente de los labios de Raúl impactó contra los poros de Rebeca erizándosele la nuca—. Rebeca, te necesito en mi vida.

—Yo también lo deseo Raúl, pero... ¿cómo dejar plantados a todos en el cóctel? No sería ético —dijo mordiéndose el labio sin que el carmín escarlata de sus labios se corriese. Rebeca se había colocado una lencería casi transparente y tenía miedo de humedecerse lo suficiente como para caer en sus brazos. La boca se le había quedado seca y el mástil contraído de Raúl seguía encaramándose contra ella.

Rebeca lo tomó por los hombros dándose la vuelta y se apretó contra él provocando un suspiro en ambos. Las pupilas de Raúl estaban dilatadas y casi podía sentir como si ambos pudiesen verse el alma a través de sus ojos. Se estrecharon nuevamente y se separaron al oír la voz de Merche que los invitaba a salir del baño. Salieron del restaurante y caminaron hasta el coche de Rebeca, que lo invitaría a su casa. Llegaron veinte minutos después, ambos con una calentura insoportable y subieron los pisos entre abrazos y meteduras de mano. Rebeca se apresuró a abrir como pudo la puerta de su piso y la cerró de un portazo. En la misma entrada, ambos empezaron a quitarse la ropa, con una rapidez incontrolable. Los besos de deseo, húmedos y con el calor de sus lenguas juguetonas cada vez los hacían excitarse más. En seguida pasaron a la habitación de Rebeca, perfectamente ordenada. Había colocado sábanas nuevas para la ocasión, de un blanco inmaculado. Raúl empezó por desabrocharle la cremallera del vestido al mismo tiempo que con su otra mano se deslizaba hacia el jardín de Rebeca. El vestido de ella se deslizó por su cuerpo como una cascada desembocando en el suelo del apartamento, descubriendo unos voluminosos pechos que caían ligeramente por su peso. Rebeca mientras tanto desabrochó con fiereza los botones de la camisa de Raúl, rompiendo algunos de ellos para descubrir un torso curtido en gimnasio y con poco vello, solo a la altura del pecho. Al llegar al pantalón, comprobó que la cremallera de la bragueta estaba a punto de estallar, así que se apresuró en desabrochar el cinturón y bajar sus pantalones hasta sus tobillos. Raúl se descalzó y se despojó de los vaqueros pitillos que lo aprisionaban. Rebeca se lanzó a los labios de Raúl, juntando sus lenguas una vez más en un beso acalorado y mágico, donde el balanceo de las mismas se acompasaba con las caricias de Raúl en la espalda de ella. Raúl descalzó a Rebeca y la tumbó sobre la cama. Ella tenía las mejillas coloradas y su jadeo se hacía más que evidente mientras miraba directamente a los ojos verdosos de Raúl.

Él se acercó hasta ella colocándose encima a la altura de su cara, besándola una vez más mientras se llenaba las manos con sus pechos. A un ritmo lento fue bajando, relamiendo todo su cuerpo, sus pechos y su abdomen, al momento que se topaba con aquellas braguitas de encaje negras y transparentes. Con avidez las tomó por los extremos y las deslizo por las largas piernas de Rebeca hasta que se las quitó por completo. Descubrió en aquel momento un paraíso de placer, el cual comenzó a acariciar con dulzura mientras Rebeca suspiraba agarrándose a las sábanas. Raúl sonrió e introdujo con cuidado su dedo corazón y su dedo índice en la parte superior de la vulva húmeda de Rebeca, tomando contacto con su clítoris y provocando que ésta mordiese sus labios, en una forma por controlar su placer. Mantuvo un tiempo el movimiento en aquella zona, que cada vez se mojaba más por la gran excitación que Rebeca experimentaba. Raúl separó las piernas de su enamorada y se centró en acercar su barbilla contra ella. Con la lengua, daba ligeros toquecillos mientras con los dedos de su mano izquierda seguía acariciando la parte superior del monte de Venus. Siguió dando vueltas en círculos hasta que Rebeca estalló de placer en un orgasmo natural y embelesado. Volvió a acariciar sus pechos y fundió el final del preliminar con un beso ahogado. Era su turno. Rebeca se acercó hacia él, empujándolo cariñosamente para tumbarlo boca arriba. Con lentitud desprendió a Raúl de sus calzoncillos caros, revelándose así un miembro de magnitud considerable que al despojarlo de su escondite, se quedó ligeramente inclinado hacia la izquierda. Rebeca con tomó con su diestra, y magistralmente lo acarició despacio hasta que éste emprendió su camino hasta la cima. Retirándose el pelo hacia un lado y mirando a Raúl de forma erótico, introdujo en su boca la protuberancia poco menos de la mitad. Se quedó en esa posición unos minutos, salivando para humedecer la zona y que en el momento de la penetración fuese aún más placentero. Raúl suspiraba extasiado, contrayendo sus músculos y respirando con fuerza. Rebeca sabía cómo podía excitarlo de verdad, y no se cortaba en cuanto a seguir practicándole un buen oral. La piel del miembro de Raúl se deslizaba arriba y abajo acompasada con los labios de Rebeca, que se centraban en su parte superior, descubierta en ese mismo instante. Raúl giró a Rebeca con cuidado y juntó sus labios con los labios húmedos y palpitantes de ella colocándose en la posición conocida como sesenta y nueve. Dio ligeros toques con su lengua sobre la zona, y más tarde se cebó metiendo de lleno la cara en su vagina. Los movimientos cada vez eran más rápidos, y aquellos preliminares iban a superar los cuarenta minutos. Ambos estaban a punto de reflejar su éxtasis, pero era el momento de la penetración.

Raúl tomó un preservativo del bolsillo de su vaquero, lo sacó del envoltorio y se lo colocó en su miembro totalmente erecto. Lo ajustó un par de veces y volvió a la cama, donde Rebeca lo esperaba tumbada boca arriba, con las piernas separadas. Se colocó sobre ella despacio, besándola en los labios al mismo tiempo que introducía con cuidado su glande en la vagina de Rebeca. En aquel beso, notó el aliento ardiente de ella, y siguió arremetiendo toda la verga hasta el final de esta. Se quedó quieto unos instantes, para que el cuerpo de Rebeca asimilase la situación y después empezó a moverse dentro de ella. Los traqueteos eran suaves, y proporcionaban a ambos un placer inigualable. Sus órganos sexuales encajaban a la perfección, y permitían que el sexo fuese más placentero. Raúl se separaba de ella de vez en cuando, al tiempo que mordía sus pechos con ligero erotismo. Los pezones de Rebeca estaban erectos y chocaban con el abdomen de Raúl al mismo tiempo que aumentaba la velocidad de los movimientos. Sus cuerpos estaban mojados y calientes. Rebeca abrazó durante la penetración a Raúl, y arañó su espalda con deseo. Estaba a punto de correrse. Cambiaron de postura, esta vez Raúl estaba sentado en la cama y Rebeca sobre él era quien aplicaba el movimiento. Las subidas y bajadas eran la mar de excitantes, y las sábanas estaban completamente mojadas. Los gemidos de Rebeca podían escucharse cincuenta metros a la redonda, y el colchón vibraba con fuerza. Raúl jadeaba sobre su nuca y mordía besuqueaba su hombro de forma alocada. Rebeca percibía un arcoíris de placer cerrando los ojos e inclinado su mirada hacia el techo. Todo era perfecto. Estaba a punto de correrse, era un orgasmo. Raúl extrajo su miembro de la cavidad de Rebeca e introdujo tres de sus dedos en ella. Agitaba la mano con fuerza mientras Rebeca se agarraba a las sábanas, muerta de placer. Allí estaba, el orgasmo iba a llegar. De un momento a otro, el flujo espeso y transparente salió propulsado de la vagina de Rebeca, encharcando por completo la cama. Suspiró aliviada y se mantuvo unos segundos con la mirada perdida. Raúl volvió a introducir su verga dentro de Rebeca y la penetró con fuerza. La velocidad iba aumentando hasta que sintió como su vientre se encogía, llegaba el momento. Extrajo su miembro y lo despojó del preservativo. Con su mano derecha se masturbó hasta que se corrió sobre el abdomen de Rebeca. Siguió masturbándose segundos después y más tarde se tiró sobre la cama. Rebeca se acercó a sus labios y los besó con ternura. Había sido un polvo de campeonato. Se mantuvieron tumbados varios minutos, y más tarde se ducharon abrazados con agua templada. Raúl quitó las sábanas de la cama y Rebeca las cambió por unas limpias.

— ¿Te quedas a dormir? —dijo ella en modo sugerente.
—Si insistes... —contestó Raúl guiñándola un ojo.

Durmieron abrazados el uno al otro hasta las ocho de la mañana, cuando Raúl se despertó y se vistió con sigilo. Rebeca abrió los ojos, bostezando al tiempo que divisaba el rostro perfecto de Raúl delante del suyo. La besó con ternura y dijo que más tarde si quería, podían quedar para comer. Raúl se puso la americana y salió del piso, caminando hasta la parada de metro más cercana. Rebeca sonreía tumbada en su cama. ¿Se había enamorado perdidamente de Raúl?

A las once se levantó para prepararse el desayuno, unas tostadas con mermeladas de melocotón y un café cargado. Se sentía nueva, rejuvenecida y una sonrisa impecable no se desdibujaba en su rostro. Mientras se disponía a recoger el desayuno sonó su teléfono móvil. Era un mensaje de Raúl. Un emoticono con un guiño. Se quedó pensando como contestar. El timbre tintineaba desde la entrada. Rebeca tomó una bata corta de su habitación, se la echó por encima y se apresuró a abrir. Abrió la puerta y detrás de ella encontró a su vecino, el del tercero, únicamente cubierto por una toalla.


—Perdona, me han cortado el agua mientras me duchaba, ¿te importa que me termine de duchar aquí? —dijo él con una sonrisa en sus labios—. Por cierto, me encanta la manera en que gimes, no pude pegar ojo en toda la noche. ¿Crees que podríamos repetir lo del otro día?

martes, 27 de septiembre de 2016

Sigo vivo!

Hola lectores, buenas tardes! Como podéis ver Cuenca no me ha matado, y sigo vivo. Sí, aquí estoy, otra vez. La verdad es que hoy estoy contento. ¿La razón? He acabado el micro-ensayo del curso cero que nos pidieron, y es para entregarlo este viernes. 

Si hablo con total sinceridad la carrera de periodismo en la cual llevo dos semanas todavía no ha superado mis expectativas. Lo que quiero decir es que lo que son las clases de verdad, son demasiado teóricas. Mucha historia, política (no por favoooor, con lo poco que me gusta a mí la política), clases de lengua como en 2º de bachillerato... Entiendo que tengan que darnos una base, pero de momento, todo es un poco rollo. El caso es que viendo los apuntes me estoy deprimiendo. Por ejemplo, Historia del Mundo Actual son... ¿450 hojas? ¿Hola? ¿Cómo voy a estudiarme eso? Si cuando me tenía que estudiar siete caras sufría que no veas... Aunque el examen es enero debería ir preparando algo, pero no sé como estudiarmelo. Sí amig@s, y no solo Historia, sino que hay cuatro asignaturas más :)

Al remate este blog va a convertirse más bien en un blog de pensamientos, intentaré escribir algun relatillo y subirlo, de momento estoy liado con Siempre conmigo, para publicar la primera parte lo antes posible. 
Y eso, que sigo aquí! Muchas gracias por leer y seguir leyendo :D 

martes, 6 de septiembre de 2016

Hola, septiembre

Aquí, repitiendo por enésima vez la canción de Ellie Goulding con la que vivo obsesionado. Ha llegado septiembre, señoras y señores. Bueno, eso fue hace seis días, pero hace seis días no tenía el portátil que me he comprado (ALELUYAAA!!!). Me lo mandaron hace cinco, pero bueno, el caso es que hace mucho calor todavía y estoy aburrido, así que, me he dicho ¿por qué no hacer una entrada de esas para el blog? Sí, de las que no llevan a ninguna parte, pero me relajan al tocar las teclas del aparato. 

Normalmente se suele decir que el día de Nochevieja es el día perfecto para dejar atrás todo lo antiguo y que comience el nuevo año. Bueno, pues para un estudiante su "nuevo año" comienza en septiembre. Sí, en septiembre comienzas el nuevo curso, si no te ha quedado ninguna y has tenido que estudiar en el verano... pero como por primera vez en.. ¿6 años? no he ido a recuperaciones de septiembre (¡Gracias Karma!) puedo decir que en septiembre comienza mi nuevo curso, y así es, este año, me voy a la uni!!
Puede sonar muy típico, pero lo cierto es que aunque tengo amigos que ya están en la universidad y dicen que no es nada del otro mundo porque tienes que estudiar un montón (aunque sea lo que te gusta), yo tengo la idea utópica de que va a ser algo maravilloso. Este lunes, 12 de septiembre voy a empezar periodismo. Lo cierto es que cuando acabé bachillerato no tenía ni idea de lo que quería hacer. Quizás porque estudiar no me gusta mucho... pero como me gustaba escribir pues dije: 
—Bueno, aunque no me guste ninguna carrera si cojo periodismo puedo orientarlo a lo que de verdad me gusta y es lo que voy a intentar hacer. 
Pero después de eso me puse a pensar nuevamente. ¿Y si cuando termine la carrera (que ojalá lo haga en los cuatro años planificados), la vena descriptiva se me va y no se que hacer con mi vida? Yo le dije a mi cerebro: 
—Tranqui, que no cunda el pánico. Pero lo cierto es que si que tendría que cundir el pánico, porque aunque todavía no lo he probado, yo no me veo en la tele ni en la radio, sinceramente hablando. Así que no sé a qué podría dedicarme... porque por ejemplo si que me gustaría llevar alguna columna en un periódico, pero alguien me dijo que a la prensa escrita le quedan dos días y se me quitaron las ganas. 
Madre mía, esto se está volviendo demasiado reflexivo... 
Espero que el blog no quede para solo reflexiones inconexas... no os preocupéis, muy pronto seguiré subiendo relatos y cositas así, un abrazo muy fuerte, y feliz septiembre! :)

jueves, 14 de julio de 2016

Reflexión inconexa tras leer otra reflexión.


Hola blog, sí, hace cinco días que cumplí 19 años. ¡MADRE MÍA QUE MAYOOOR! No, la verdad que no, porque aunque yo me vea como una persona madura (que maduró con quince años) siempre hay alguien que se esfuerza en decirme que todavía no he madurado. Bueno, tal vez no he madurado para esas personas, pero para mí sí, y aquí el que importa soy yo. Tal vez será lo más egocéntrico que he dicho en mi vida, pero después de leer este blog: Quítate los prejuicios, este es un sitio para sentirse en casa (IRENE PAUS) me he dicho a mí mismo, ¿por qué no escribir una entrada media hora antes de ir a la peluquería sobre lo que opino de lo que he leído? Bueno, más bien lo que comparto con lo que he leído. Llevo sin escribir bien... desde el mes de enero, no sé que me está pasando. 

Muy bien mundo, me he dado cuenta de que lo de la media naranja es mentira. Yo porque escribo romántica siempre he pensado que habría un amor verdadero por ahí suelto, pero me parece a mí que no. Todos esos consejos de que el amor llega "cuando menos te lo esperas" es mentira. Sí, sí, mentira. Más bien porque: no necesitamos una media naranja. Eso es, y no os escandalicéis, no es el consejo de una persona solterona que nunca ha estado enamorada, es un pensamiento de realidad. Mientras te quieras a ti mismo y tengas un amor fraternal, no necesitas un amor romántico y pasteloso. Puedes buscar entre todas las personas, a una la cual te dé la suficiente confianza como para tener una estabilidad, estabilidad emocional, es decir, que puedas agarrarte a ella cuando más lo necesites. Quizás esto resulte algo contradictorio, pero no soy una buena persona dando argumentos. Quizás lo que quiero decir es que HOY EN DÍA, todo lo del amor verdadero es mentira, más que nada porque nadie lo busca, y a quien lo busca se lo niegan. 

Una conclusión de todo esto sería, que una vez que madures emocionalmente (yo creo que lo he hecho, aunque si tú, mundo, piensas que todavía no, me da igual) no necesitas buscar una media naranja, simplemente una persona amigable que te haga sentir a gusto cuando hablas con ella, y yo creo que de esas personas, he encontrado un montón. 

PD: Siento no poder poner cosas en negrita, subrayadas, en cursiva, etc, pero mi ratón está tonto y no me deja subrayar las cosas para poder copiarlas o cambiarles el formado. Disculpen las molestias. 
La música es la leche, la encontré un mes después de ver la peli jajaja :P 

jueves, 16 de junio de 2016

Reseña #1 Club de Lectura: "Déjame volver a sentir" - Daniel González (Blog Ficción Romántica)

Hola lectores! Desde hace poco que me uní al club de lectura del blog Ficción Romántica de la genial R. Crespo, y bueno, después de haber leído el relato hace como... una semana? (Lo sé, soy un tardón) voy a hacer la reseña como es debido. ¡Muy bien, allá va!

Disponible en wattpad:
Clasificación: Relato corto

Reseña: Se trata de un relato corto con una prosa depurada y cálida. Cálida en el sentido de que logras imaginarte el picor, unas palabras sensitivas. Para leerlo, una buena música lo acompaña genial. El autor hace alusión a un joven que sueña. Todos queremos volver a sentir esos recuerdos que el protagonista tiene, y anhelamos que continúe viajando en ese sueño precioso y que a él tanto le apasiona. Un final conmovedor, que no llega a la lágrima, pero un recorrido hermoso que logra ponernos en la piel del protagonista, incitándonos a cerrar nosotros también los ojos. 
Un gran trabajo, del autor Daniel González, como puede hacernos sentir con tan pocas palabras. 

No puedo decir mucho más, salvo que te si estás leyendo esto Daniel, te has ganado mi follow en wattpad. Me pasaré por tu perfil para descubrir nuevas joyas (Me encantan los relatos cortos :D )


Muy pronto, más reseñas! :D Chaito pescaito! 

jueves, 26 de mayo de 2016

Reseña a "Cuando cae la nieve"

Hola amigos de la red! Ya sé que llevo mucho tiempo desaparecido, y es por eso que como acabo de ver esta película, pues os voy a dejar mi reseña muy breve.
Título: Cuando cae la nieve
Director: Sharim Sarif
Duración: 1h y media
Nota: 7.5

Reseña: La historia que la película encarna es muy bonita. Ella (Katya) es una espía que en contra del régimen de Stalin, pasa información a los americanos durante la Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos. Debe seducir a un importante cargo del Kremlin, Alexander, del que termina enamorándose. Katya es presionada para seguir pasando información, a pesar de que ella se niega, ya que quiere a Alexander y no quiere traicionarlo.

Lo cierto es que no ha sido una película me haya hecho emocionarme como otras, pero lo cierto es que al final de ésta, te quedas con la cosa. La historia se intercala entre dos tiempos: 1959-1961 y 1992. Los escenarios que aparecen son preciosos, y la calidad de la imagen es brutal. Estoy muy contento de haberla elegido para verla esta noche jajaja, sinceramente hablando. Lo único que no me ha gustado, es que a veces se me ha hecho pesado, es decir, algunas escenas de transición de argumento no me han resultado del todo entretenidas. 
Por lo demás una buena peli, si queréis verla mandadme un mail y os daré el link :P Un saludo lectores.

martes, 12 de abril de 2016

Sweet Honeymoon - April 12th


Todo había salido según lo previsto. La boda había sido perfecta, y no solo porque todo el mundo había hecho muy buenos comentarios, sino porque los novios Honey y Marcus estaban la mar de contentos. El banquete extraordinario. Los elogios a la novia por su vestido no se escatimaron, y al confesar que la luna de miel se haría en Suecia había dejado a todos los invitados boquiabiertos. Así es, Honey Tailes, una joven norteamericana de casi treinta años y ascendencia puertorriqueña se había mudado a Londres para casarse con su futuro marido. Ella era muy dulce. Tenía el cabello largo y rubio, la nariz pequeña y perfilada, unos rasgos muy bonitos y unas piernas largas e interminables. Lo que venía siendo un buen partido, y una modelo de revista. Honey había amansado una gran fortuna. La herencia de su padre y su trabajo como diseñadora la había hecho destacar en su país natal y ahora actuaba como socialité en eventos benéficos y relacionados con la moda. Durante una fiesta conoció a Marcus Leed, su futuro marido. Él, todo lo contrario de ella. Era bajito y un poco regordete, pero ganaba mucho con sus dotes faciales y aquella barba que dejaba juntar con sus patillas. Marcus había estado anteriormente prometido con su secretaria, Elinor, a la que había dejado tras conocer a Honey. Marcus era inglés, natural de Londres y siempre había estado dentro de una clase media. Ese matrimonio le daba la oportunidad de poder ascender socialmente y buscarse un lugar dentro de las empresas multinacionales.

La boda se celebró en Londres, rodeada de la familia y de algún que otro paparazzi entrometido. Ambos decidieron que el viaje de luna de miel tendría como destino la fría Suecia, ya que aunque fuese el mes de agosto, el frío allí no desaparecía. Honey siempre había querido visitarlo y le entusiasmaba la idea de poder ir. Pero las cosas no siempre salen como queremos, y por desgracia el mal temporal hizo que su vuelo se cancelase y se prolongase más de tres días. Honey que estaba desanimada buscó una alternativa, y para no levantar las sospechas de la prensa rosa alquiló en el barrio rico de Mayfair un apartamento de lujo donde permanecerían hasta que pudiesen viajar.
Lo cierto era, que Marcus no había olvidado del todo a Elinor, y seguía viéndose con ella a escondidas. Ella lo presionó para que se casase con Honey y después la asesinase. Si esto ocurría, el contrato matrimonial confirmaba que los bienes y propiedades de Honey pasarían a ser de Marcus. Marcus accedió y le confirmó a Elinor que acabaría con Honey para así cobrar su herencia.
Él volvió a Mayfair, donde Honey lo esperaría en la cama como era común. La noche de bodas había sido placentera, pero corta. En mitad de la noche Marcus se había escapado para ver a Elinor y confirmar que seguían con el plan acordado. Entró decidido en el apartamento, decidido por fin a acabar con ella, pero cuando entró no la halló en la cama. El desayuno estaba listo en la mesa y Honey sentada en la mesa esperando.

— ¿Dónde estabas querido? —preguntó Honey alzando una ceja.

—Fui a hablar con la compañía de vuelos. Pasado mañana podremos ir a Suecia —declaró Marcus mientras partía una de las tortitas para después comer un trozo.

—Ah... ¿y tuviste que ir a las cinco de la mañana? La agencia me ha llamado hace escasos minutos, me han confirmado no hay ninguna reserva a nombre de Marcus Leed. Tan solo una, pero no se corresponde con mi nombre. Marcus Leed y Elinor Parks vuelan mañana hacia Hawái. ¿Puedes explicar eso?

—Ehm... yo... lo cierto es que...

— ¡Me has mentido Marcus! ¿Cómo has podido hacerme esto? ¿Es que acaso esa Elinor estaba antes que yo? ¡Todo esto es una farsa! —gritó Honey al mismo tiempo que le propinaba un bofetón a Marcus— ¡No llevamos ni dos días casados y ya me has engañado con otra!

—No, Honey, yo no te engañado, pero este va a ser tu fin —apuntó Marcus mientras se acercaba al cajón más cercano y tomaba la pistola de este que ya estaba cargada.

— ¡No Marcus, por favor! ¡Auxilio! —vociferó Honey corriendo hacia la puerta.

—Adiós, Honey —terció Marcus apretando el gatillo y disparando fieramente contra el cuerpo de Honey, que cayó al suelo de inmediato.

Marcus se aseguró de que no se levantase y procedió a salir del apartamento, no sin antes percatarse que no había nadie en el pasillo.

***
Pulsó el mando del automóvil y se subió en el coche. Colocó sus manos sobre sus sienes y se inclinó hacia delante con cara angustiosa. ¿Qué había hecho? No colaría que aquello hubiese sido un suicidio. Debía volver a la escena del crimen para esconder el cuerpo. Salió del coche y se precipitó escaleras arriba hasta el apartamento. Una hilera de sangre se había colado por debajo de la puerta, y amenazaba con abrirse paso hacia el pasillo. Abrió la puerta y entró cerrándola con rapidez. ¡¿Qué?! El cuerpo ya no estaba, había desaparecido. "Joder, joder, joder" —pensaba Marcus mientras volvía a ponerse las manos en la nuca y resoplaba sin parar. Las sirenas de los coches de policía se escuchaban cada vez más cercanas. Debía salir de ahí, ¿pero cómo? Divisó el comedor minuciosamente y fijando su vista en la ventana se aproximó a ella. Retiró las cortinas blancas y abrió la ventana colocándose sobre el zócalo para medir la altura de caída. Había al menos diez metros, pero podría bajar acercándose hacia la escalera de emergencia. Dio varios pasos y cuando apenas había conseguido agarrarse a una de las cortinas para no caerse, una mano helada y blanca se cernió sobre su espalda y lo precipitó contra el asfalto junto con la blanca cortina que sostenía en su brazo. Para cuando la policía llegó por aviso de una vecina que había escuchado voces en el apartamento, en la calzada la sangre de Marcus todavía estaba fresca y la cortina sobre su pecho. En la ventana del apartamento no había nadie, y tampoco dentro cuando entraron los agentes. ¿Quién había asesinado a Marcus Leed?

***

sábado, 5 de marzo de 2016

Booktrailer de Vuelve conmigo - Rotine Drifango


Besos de champán - Escritura automática


Tenía que ser lo que fuese. A propósito. Las cosas se hacen más fáciles bebiendo. Lo dice alguien que solo se toma un cubata en fiestas de guardar. Dududududi. La situación se hizo complicada, y tuvo que terminar. La cuenta atrás. FELIZ AÑO NUEVO! Ah no, que estamos en marzo... pues vaya mierda. Tengo que terminar esta historia como sea, y como no tengo ni una puta idea de lo que quiero poner me pongo a escribir cosas de estas, sin sentido. ¿En qué cosiste todo? El móvil no se calla, por eso siempre lo llevo en silencio. Bip-bip. ¡CÁLLATE YA! Un momento, voy a mirarlo. (15 segundos después) Me añadieron a un grupo, qué genial! :D A ver si termino ya la temporada de... ¿OTRA VEZ? En serio, lo pongo en silencio, un momento. (Varios segundos más tarde) Ale, ya se calló. ¿Por dónde iba? Ah, sí... escribiendo sin sentido. Bueno la música se ha acabado y le voy a dar al replay. No han pasado ni cinco segundos. Os estoy metiendo un rollo de aquí lo flipas... vaya expresión... en fin fin fin fin fin... pues eso, poniendo tonterías para rellenar huecos de la entrada. Las cuatro menos diecinueve de la tarde... menudo planazo. Y eso que decían que haría buen tiempo, pero parece ser que ha vuelto el fri-fri... Lo de los besos de champán viene por la canción que voy a poner y por mi nueva historia, una historia corta, para un concurso, se llama así: 


¿Muy chuli, verdad? Pues a ver si termino el maldito prólogo, que llevo con el bloqueo como un mes... En fin, ya se ha acabado de nuevo la canción y voy a poner otra. Hasta la próxima! :D 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Diez mil visitas en el blog (+ un regalito)

¡¡Hola lectores del blog!! todavía no me he inventado un nombre con el que llamaros... pero os prometo que lo pienso.
¡Muchísimas gracias! Hoy he comprobado que el blog tiene 10.000 visitas! Jope, estoy súper contento :) Hace ya tres años y medio... desde septiembre de 2012 vaya, que estoy por aquí, y no me imaginé que esta bitácora fuese a tener tanta repercusión. Para festejar este hecho os voy a regalar un relato de misterio que he escrito hace un momento, es cortito, pero no pasa nada jajaja Espero que os guste, sin vosotros esto no sería nada. Un abrazo y un beso muy fuerte.

CAÍDA LIMPIA (MISTERIO) 
[PD: Ya se que el título es lo más *ironía* jajajaja]

Pulsó el mando del automóvil y se subió en el coche. Colocó sus manos sobre sus sienes y se inclinó hacia delante con cara angustiosa. ¿Qué había hecho? No colaría que aquello hubiese sido un suicidio. Debía volver a la escena del crimen para esconder el cuerpo. Salió del coche y se precipitó escaleras arriba hasta el apartamento. Una hilera de sangre se había colado por debajo de la puerta, y amenazaba con abrirse paso hacia el pasillo. Abrió la puerta y entró cerrándola con rapidez. ¡¿Qué?! El cuerpo ya no estaba, había desaparecido. "Joder, joder, joder" —pensaba Marcus mientras volvía a ponerse las manos en la nuca y resoplaba sin parar. Las sirenas de los coches de policía se escuchaban cada vez más cercanas. Debía salir de ahí, ¿pero cómo? Divisó el comedor minuciosamente y fijando su vista en la ventana se aproximó a ella. Retiró las cortinas blancas y abrió la ventana colocándose sobre el zócalo para medir la altura de caída. Había al menos diez metros, pero podría bajar acercándose hacia la escalera de emergencia. Dio varios pasos y cuando apenas había conseguido agarrarse a una de las cortinas para no caerse, una mano helada y blanca se cernió sobre su espalda y lo precipitó contra el asfalto junto con la blanca cortina que sostenía en su brazo. Para cuando la policía llegó por aviso de una vecina que había escuchado voces en el apartamento, en la calzada la sangre de Marcus todavía estaba fresca y la cortina sobre su pecho. En la ventana del apartamento no había nadie, y tampoco dentro cuando entraron los agentes. ¿Quién había asesinado a Marcus Leed? Pero lo más importante, ¿a quién había tratado de asesinar Marcus unos minutos antes? 









¡MIL GRACIAS!