martes, 12 de abril de 2016

Sweet Honeymoon - April 12th


Todo había salido según lo previsto. La boda había sido perfecta, y no solo porque todo el mundo había hecho muy buenos comentarios, sino porque los novios Honey y Marcus estaban la mar de contentos. El banquete extraordinario. Los elogios a la novia por su vestido no se escatimaron, y al confesar que la luna de miel se haría en Suecia había dejado a todos los invitados boquiabiertos. Así es, Honey Tailes, una joven norteamericana de casi treinta años y ascendencia puertorriqueña se había mudado a Londres para casarse con su futuro marido. Ella era muy dulce. Tenía el cabello largo y rubio, la nariz pequeña y perfilada, unos rasgos muy bonitos y unas piernas largas e interminables. Lo que venía siendo un buen partido, y una modelo de revista. Honey había amansado una gran fortuna. La herencia de su padre y su trabajo como diseñadora la había hecho destacar en su país natal y ahora actuaba como socialité en eventos benéficos y relacionados con la moda. Durante una fiesta conoció a Marcus Leed, su futuro marido. Él, todo lo contrario de ella. Era bajito y un poco regordete, pero ganaba mucho con sus dotes faciales y aquella barba que dejaba juntar con sus patillas. Marcus había estado anteriormente prometido con su secretaria, Elinor, a la que había dejado tras conocer a Honey. Marcus era inglés, natural de Londres y siempre había estado dentro de una clase media. Ese matrimonio le daba la oportunidad de poder ascender socialmente y buscarse un lugar dentro de las empresas multinacionales.

La boda se celebró en Londres, rodeada de la familia y de algún que otro paparazzi entrometido. Ambos decidieron que el viaje de luna de miel tendría como destino la fría Suecia, ya que aunque fuese el mes de agosto, el frío allí no desaparecía. Honey siempre había querido visitarlo y le entusiasmaba la idea de poder ir. Pero las cosas no siempre salen como queremos, y por desgracia el mal temporal hizo que su vuelo se cancelase y se prolongase más de tres días. Honey que estaba desanimada buscó una alternativa, y para no levantar las sospechas de la prensa rosa alquiló en el barrio rico de Mayfair un apartamento de lujo donde permanecerían hasta que pudiesen viajar.
Lo cierto era, que Marcus no había olvidado del todo a Elinor, y seguía viéndose con ella a escondidas. Ella lo presionó para que se casase con Honey y después la asesinase. Si esto ocurría, el contrato matrimonial confirmaba que los bienes y propiedades de Honey pasarían a ser de Marcus. Marcus accedió y le confirmó a Elinor que acabaría con Honey para así cobrar su herencia.
Él volvió a Mayfair, donde Honey lo esperaría en la cama como era común. La noche de bodas había sido placentera, pero corta. En mitad de la noche Marcus se había escapado para ver a Elinor y confirmar que seguían con el plan acordado. Entró decidido en el apartamento, decidido por fin a acabar con ella, pero cuando entró no la halló en la cama. El desayuno estaba listo en la mesa y Honey sentada en la mesa esperando.

— ¿Dónde estabas querido? —preguntó Honey alzando una ceja.

—Fui a hablar con la compañía de vuelos. Pasado mañana podremos ir a Suecia —declaró Marcus mientras partía una de las tortitas para después comer un trozo.

—Ah... ¿y tuviste que ir a las cinco de la mañana? La agencia me ha llamado hace escasos minutos, me han confirmado no hay ninguna reserva a nombre de Marcus Leed. Tan solo una, pero no se corresponde con mi nombre. Marcus Leed y Elinor Parks vuelan mañana hacia Hawái. ¿Puedes explicar eso?

—Ehm... yo... lo cierto es que...

— ¡Me has mentido Marcus! ¿Cómo has podido hacerme esto? ¿Es que acaso esa Elinor estaba antes que yo? ¡Todo esto es una farsa! —gritó Honey al mismo tiempo que le propinaba un bofetón a Marcus— ¡No llevamos ni dos días casados y ya me has engañado con otra!

—No, Honey, yo no te engañado, pero este va a ser tu fin —apuntó Marcus mientras se acercaba al cajón más cercano y tomaba la pistola de este que ya estaba cargada.

— ¡No Marcus, por favor! ¡Auxilio! —vociferó Honey corriendo hacia la puerta.

—Adiós, Honey —terció Marcus apretando el gatillo y disparando fieramente contra el cuerpo de Honey, que cayó al suelo de inmediato.

Marcus se aseguró de que no se levantase y procedió a salir del apartamento, no sin antes percatarse que no había nadie en el pasillo.

***
Pulsó el mando del automóvil y se subió en el coche. Colocó sus manos sobre sus sienes y se inclinó hacia delante con cara angustiosa. ¿Qué había hecho? No colaría que aquello hubiese sido un suicidio. Debía volver a la escena del crimen para esconder el cuerpo. Salió del coche y se precipitó escaleras arriba hasta el apartamento. Una hilera de sangre se había colado por debajo de la puerta, y amenazaba con abrirse paso hacia el pasillo. Abrió la puerta y entró cerrándola con rapidez. ¡¿Qué?! El cuerpo ya no estaba, había desaparecido. "Joder, joder, joder" —pensaba Marcus mientras volvía a ponerse las manos en la nuca y resoplaba sin parar. Las sirenas de los coches de policía se escuchaban cada vez más cercanas. Debía salir de ahí, ¿pero cómo? Divisó el comedor minuciosamente y fijando su vista en la ventana se aproximó a ella. Retiró las cortinas blancas y abrió la ventana colocándose sobre el zócalo para medir la altura de caída. Había al menos diez metros, pero podría bajar acercándose hacia la escalera de emergencia. Dio varios pasos y cuando apenas había conseguido agarrarse a una de las cortinas para no caerse, una mano helada y blanca se cernió sobre su espalda y lo precipitó contra el asfalto junto con la blanca cortina que sostenía en su brazo. Para cuando la policía llegó por aviso de una vecina que había escuchado voces en el apartamento, en la calzada la sangre de Marcus todavía estaba fresca y la cortina sobre su pecho. En la ventana del apartamento no había nadie, y tampoco dentro cuando entraron los agentes. ¿Quién había asesinado a Marcus Leed?

***